3 feb 2010

Tras la pista

22 de mayo de 2020
Cercanías del río Liffey, Dublin, Irlanda

Me dejé llevar por mi instinto mientras me vagaba por las calles de Dublin camino al Liffey. Iba casi con los ojos cerrados, mientras mi cuerpo seguía un camino errante, tras el recuerdo de una huella del olor de Lily flotando en el aire. Cuando escuché, bajo los sonidos de la ciudad que aprovechaba frenéticamente las pocas horas medio soleadas, el murmullo del río, me desperecé y me concentré al máximo en encontrar cualquier cosa que me pudiera dar una pista de dónde estaba Lily.
Pese a todo, me llevó varias horas encontrar aquel rastro. Nada realmente llamativo, pero un charquito de líquido azul turquesa mojando la hierba de la orilla del río no puede surgir de la nada. Ahí había sangrado, y probablemente muerto, un demonio, a juzgar por la cantidad de sangre derramada. Una vez supe lo que buscaba no fue complicado notar, aquí y allá, pequeños goterones turquesas, probablemente allí donde la sangre había goteado de la espada de Lily. Guiado por esos fieles indicadores, entré en Phoenix Park bordeando el río por la ribera norte, donde las gotas fueron siendo cada vez más escasas, hasta desaparecer por completo.
De nuevo sin pistas, razoné que si Lily no había tenido necesidad de matar más demonios, ya que su espada había dejado de gotear, quizás se encontrara sana y salva. Además, la sangre no debía tener más de tres días, ya que no había sido borrada por la acción de la naturaleza, pero tampoco menos de dos, ya que estaba seca. No pude imaginar en qué había empleado tres días antes de pelear con los demonios en el Liffey, pero tenía bastante claro que, como mínimo, había llegado viva hasta ese día. Espoleado por ese pensamiento, reanudé mi búsqueda con ímpetu. Sin embargo, comprobé que había perdido demasiado tiempo buscando el rastro en el Liffey. Los últimos rayos del sol moribundo pintaban de un bellísimo dorado las nubes bajas que decoraban el cielo sobre el Phoenix Park, un dorado que a mí me recordaba que en pocos minutos los demonios tendrían plena libertad para pulular por la ciudad, y más por un sitio como el Phoenix Park.
De pronto, la luz se hizo en mi mente. No debía temer mi encuentro con los demonios. Lo que de verdad debía hacer era buscar dónde se escondían. Si Lily había sido derrotada pero seguía viva por algún motivo, estaría en la guarida más cercana.

Me moví con rapidez, rezando por tener tiempo suficiente. Casi me parecía oír ya los chasquidos de las ramas al romperse bajo las patas de los demonios que, en breves, estarían en el parque. Subí al árbol más frondoso que encontré, arañándome la cara y las manos con las ramas que parecían estar defendiéndose de mi inesperada intromisión en su sueño. Una vez encontré una rama lo bastante gruesa como para sostenerme, adopté la posición más cómoda que pude y esperé.

¿Habéis oído alguna vez eso de que el tiempo va más despacio cuando quieres que llegue algo, y más rápido cuando deseas que no llegue nunca? Bueno, pues podréis comprender que, incómodo, subido en un árbol, en una noche fría en medio de un parque, deseando que apareciesen los malditos demonios para ver de dónde salían... la espera, que no debió durar mucho más de quince minutos, se me antojara horas, tiempo durante el que el sol se ocultó completamente en el horizonte.
Por fin escuché algo, primero muy suavemente, después con más fuerza. Sin embargo, no era en absoluto lo que yo esperaba oír. Era un sollozo, un llanto infantil. Sonaba exactamente como si una niña pequeña estuviera llorando en el parque. Estaba ya a punto de bajarme con precipitación para rescatarla de una muerte segura cuando la duda me atenazó. ¿Una niña? ¿A esas horas perdida en Phoenix Park? No me parecía muy probable. Decidí esperar. Sabía que si resultaba ser realmente una niña su vida iba a durar muy poco y no me lo podría perdonar nunca, pero mi instinto me decía que no se trataba de eso.
¡Gracias al cielo que tomé esa decisión! Cuando finalmente la “niña” entró en mi limitado campo de visión, ví que en realidad era algo horrible, similar a una hormiga o algún otro insecto de tamaño similar al humano, pero con pinzas y dientes por todos lados. Un cambiante, pensé, aterrado de lo que me hubiese pasado de haber bajado desprevenido a buscar a la niña. Con la conmoción de descubrir la verdadera naturaleza del peligro que había corrido, casi no me percaté de la dirección de la que provenía el demonio. Me moví en mi posición de la rama, con la intención de saltar a la rama de algún otro árbol contiguo, e ir comprobando la procedencia de los demonios hasta determinar su punto de origen. Sin embargo, la rama crujió muchísimo bajo mi peso y el cambiante se enderezó, repentinamente muy atento, cesó en su fingido llanto y aventó el frío aire de la noche dublinesa, mientras escuchaba los sonidos procedentes de la rama.
Me mantuve absolutamente inmóvil, con las manos en las empuñaduras de ambas katanas, y dí gracias al barro del Liffey, que se había acumulado sobre mi ropa durante el día mientras buscaba pistas y seguía el rastro de Lily y tapaba en gran parte mi olor. Además, el frío evitaba que yo sudase, y el demonio, tras una espera que me puso los nervios de punta, debió pensar que se trataba de algún animal, ya que reanudó su llanto y se alejó.
Poco a poco reactivé mi cuerpo, ya que me había quedado prácticamente paralizado. No era la primera vez que me enfrentaba a un demonio, pero sí que era la primera que me sentía tan intimidado. Posiblemente fuera por el intenso asco que me dan todo tipo de bichos. Curioso, ¿no? Un tipo que mata demonios asquerosos y repulsivos que no dudarían en matarlo sin que le tiemble el pulso, pero que pone muecas ante un escarabajo. En fin, estoy divagando...
Salté de rama en rama en la dirección por la que había llegado la criatura. No tardé en ver varios cambiantes, con diversas formas, que me indicaron que avanzaba en la dirección correcta. Finalmente no pude acercarme más, ya que no existía ningún árbol cercano que me pudiera servir de apoyo, y me contenté con observar cómo los demonios se dispersaban en todas direcciones desde lo que parecía un simple agujero en el suelo.
Pasó lo que me pareció al menos media hora mientras los cambiantes, de diferentes formas y tamaños, iban saliendo de la guarida subterránea y se alejaban en busca de alimento. Mientras, yo, apoyado en el tronco, me entretenía pensando en cómo iba a reaccionar Lily cuando la salvara de una muerte segura. ¿Qué queréis? Uno también tiene ilusiones.
Sin embargo, me distraje demasiado. Un suave temblor en mi misma rama, justo detrás de mí, me sacó de golpe de la ensoñación en la que estaba metido. No esperé a identificar qué o quién estaba detrás de mí, simplemente desenvainé la katana mientras me daba media vuelta y lancé un tajo fulminante. Mi reacción, extremadamente mejorada gracias al intenso entrenamiento al que me había sometido, me salvó la vida. Un enorme y repugnante engendro humanoide, con garras en lugar de manos y pies, sin rostro exceptuando una gran boca repleta de dientes afilados y con la piel negra y escamosa se había colocado a mi espalda y ya estaba alzando la cuchilla de su brazo derecho cuando mi katana le seccionó limpiamente la cabeza. Desesperado, ví como ésta volaba y empezaba a caer. Si llegaba al suelo, los otros demonios oirían en golpe, la verían y podía darme por muerto. Rápido como el pensamiento, clavé profundamente una de mis katanas en el tronco del árbol y con la otra lancé una estocada que atravesó limpiamente la cabeza, impidiendo que cayera. Quedé desequilibrado en el aire, con los pies en la rama pero el cuerpo fuera, casi cayendo, pero sujeto por la espada clavada en el tronco. Con una violenta sacudida recuperé la estabilidad, desclavando en el mismo movimiento la hoja del árbol. No sabía si el cambiante había muerto o no, así que me lancé con fuerza hacia él, manteniendo a duras penas el equilibrio sobre la rama, y lo atravesé repetidamente con la hoja libre, hasta que se desplomó. Agarré con fuerza el cadáver y lo coloqué de forma que no cayera al suelo. Tiré de la cabeza hasta sacarla de la hoja de mi katana y la coloqué sobre el cuerpo decapitado. Lo que no podía impedir era que la sangre chorreara de la rama y goteara en el suelo. Esperé durante unos segundos, temiendo que una horda de demonios se abalanzara sobre mí, pero descubrí, con agradecida sorpresa, que, aunque el incidente había ocurrido en apenas unos pocos segundos, el incesante goteo de demonios al exterior había concluido. De hecho, ni siquiera se veía ningún demonio en los alrededores. El que yo había matado debía haber intentado cogerme sin avisar a los demás para poder disfrutar de una buena comida a solas. Un estremecimiento me sacudió al pensar en mí mismo como pienso para demonios.
Extremando las precauciones, bajé del árbol y inspeccioné los alrededores. No descubrí ningún centinela ni nada semejante, pero no concebía que dejaran la guarida sin protección, así que asumí que los obstáculos empezarían cuando bajara al agujero.
Por primera vez, dudé. ¿Valía la pena meterme en la boca del lobo sin saber siquiera si Lily estaria allí o no? Desorientado, sacudí la cabeza intentando aclarar mis pensamientos. Y al mover la cabeza algo destelló entre la hierba del parque, a pocos metros de la entrada del agujero. Cuando me acerqué descubrí la daga de Lily, aquella tan característica con la empuñadura que protegía la mano. La luz de una farola cercana había incidido en la hoja del arma, deslumbrándome cuando mi cabeza adoptó una posición extraña al sacudirla. Guardé el arma en el bolsillo de mi cazadora, me eché la capucha sobre la cabeza y, con más miedo del que me atrevía a reconocer, me adentré en el agujero. No me fijé en ningún momento en la sombra que me había estado vigilando desde la oscuridad, y que se acercó al agujero con calma en el momento en el que yo desaparecí en su interior, revelando una figura humana, con la cabeza cubierta por una capucha. Pasados unos segundos, algo sonó en uno de sus bolsillos. La sombra metió la mano en un pliegue de la prenda que le cubría el torso, sacó un teléfono móvil y dijo, con una sonrisa en la que no participaban sus ojos:
- Tranquilo, le tengo.

¿Lily?

13 de mayo de 2020
Refugio del Angeli, Dublin, Irlanda

Es poco habitual ver a un Angeli correr por su vida. Aún más extraño es si son tres los Angeli que corren aterrorizados. Y si, encima, uno de esos tres es Lily, la más hábil cazadora de demonios del gremio, entonces puedes asumir que algo realmente nefasto ocurre.
En esas condiciones, os podréis imaginar que nuestra llegada al refugio causó sensación. La hora aún no era muy tardía, así que había bastante gente en la sala principal, y cuando nos precipitamos al interior, jadeantes y sin resuello, todos los Angeli quedaron paralizados de la sorpresa.
- ¿Esa es Lily?
- ¿Lily estaba... huyendo de algo?
Los susurros nos envolvieron, pero nos resultaban indiferentes ante el alivio de estar a salvo. Era evidente que ni el mismísimo Diablo se metería en la boca del lobo siguiendo a sus presas al Refugio del Angeli. De hecho, aunque no nos habíamos dado cuenta, no podíamos siquiera asegurar que nos hubiera perseguido en ningún momento.
- Puedo entender que Roger y Ethan huyeran desde el Liffey, pero Lily... eso es otra historia...
- ¿Cómo? - pregunté, luchando por recuperar el aliento - ¿Porqué han huído Roger y Ethan?
- Dicen que los demonios les tendieron una emboscada, pero que cuando ya estaban a punto de rechazarla apareció el mismísimo Diablo y mató a Daniel, así que escaparon hasta aquí.
Nos miramos con incredulidad. No podía ser.
- ¿A qué hora ha pasado eso? - interrogó Lily.
- Hará veinte minutos que han llegado.
- Eso es imposible – dijo Dan -. Nosotros acabamos de ver a Diablo en Manor Grove hará diez minutos, y no ha podido llegar desde el Liffey en tan poco tiempo.
La afirmación de Dan hizo que todo el mundo empezara a hablar a la vez. Llevaban meses sin ver a Diablo, ¿y ahora aparecía varias veces en el mismo día, y, por si fuera poco, al mismo tiempo?
- De todas formas esta mañana también ha habido emboscadas a las rondas de rutina en distintos puntos de la ciudad. Parece que los demonios se están movilizando. Me gustaría saber qué traman...
- Una emboscada no es algo que los demonios inferiores puedan pensar por sí mismos – dijo entonces Lily -. Hay una inteligencia superior detrás de esas situaciones. Si esta mañana también hubo varios puntos en los que emboscaran a los nuestros, incluso si no llegaron a ver a ningún demonio superior...
- Eso fue porque conforme vimos que se trataba de una trampa escapamos, sin matar a los demonios que nos atacaban – replicó, avergonzado pero firme, un Angeli de pelo oscuro y rizado cuyo nombre escapa a mi memoria -. Pero perfectamente podrían haber estado allí.
- Por tanto – continuó Lily -, es posible que Diablo tenga algún poder que desconocemos: teletransporte, ubicuidad, quizás pueda hacer copias de sí mismo... tal vez los demonios tengan una red de túneles bajo tierra para ir rápidamente de un lugar a otro... no podemos saberlo.
- Ubi... ¿qué? - preguntó uno de los Angeli de menos edad, un chaval que apenas tendría catorce.
- La ubicuidad es el don de estar en todos los sitios a la vez, y sólo pertenece a Dios. - dijo una voz desde la puerta del Archivo.
Allí estaba Ikon, el mentor y maestro de Angel, que había hecho su entrada en la sala. Era tal y como me lo había imaginado tras la descripción de Angel. Un viejecito arrugado, con cara de haber visto mucho mundo y profundos ojos negros.
- Sin embargo – replicó su alumno, que lo observaba todo desde un rincón de la sala – es un hecho que Diablo estaba en varios sitios casi simultáneamente a lo largo de todo el día. Si no es ubicuo... ¿cómo lo hace?
- Eso es algo que tendremos que averiguar – afirmó Ikon -. Pero la ubicuidad es potestad de Dios, y el Diablo nunca ha tenido acceso a ella.
Con eso finalizó la improvisada reunión, y los Angeli se dispersaron charlando sombríamente sobre los sucesos del día. Por nuestra parte, Dan, Lily y yo nos fuimos a ducharnos y a descansar un poco antes de la cena, porque estábamos físicamente exhaustos después del combate y la maratón desde la periferia de Dublin.

Durante la cena pudimos encontrar a Neil y Arthur, que habían tenido una patrulla por el sur de la ciudad (felizmente sin contratiempos ni sorpresas) y no se había enterado de nada. Lily, Dan y yo nos sentíamos muy unidos después de las impactantes vivencias del día. He de reconocer que sentí un placer oculto cuando Lily se me acercó camino del comedor, pero luego recordé que ese lujo había costado la vida de Leyla, y entré en un estado meditabundo que no me permitió disfrutar su compañía como hubiese querido.
Neil y Arthur se sorprendieron enormemente cuando entre Lily y Dan les contaron la emboscada, lo que había sucedido y la aparición de Diablo. Yo no pronuncié palabra. Leyla era compañera habitual de ronda, parte de mi equipo, y yo había hecho muy buenas migas con ella en los meses anteriores. Su muerte me dolía mucho. Cuando eres un Angeli sabes que te expones a morir en cualquier salida, y sabes que es posible que a tus compañeros les pase lo mismo, pero nunca se me ha dado bien esto de asimilar muertes de seres queridos. Lo pasé muy mal cuando murieron mis abuelos, y eso no había cambiado en todos estos años.
De todos modos, a lo largo de la cena fui saliendo paulatinamente de mi estado de hermetismo. Las chuletas de cerdo con patatas fritas y bechamel ciertamente contribuyeron a ello... la cocina del Refugio es una auténtica maravilla, nunca me cansaré de decirlo. Además, tener cerca a Lily era un regalo, y Dan también me cae muy bien. Al final acabamos animándonos todos, y la charla fue un poco más distendida. Neil y Arthur prometieron acompañarnos en la próxima ronda, aunque no creo que ni siquiera ellos pudiesen hacer algo contra Diablo. Quizás el temor siempre se magnifica en el recuerdo, y Diablo me parecía más poderoso que la realidad, pero había matado tan facilmente a Leyla...
Lily había estado muy callada, aún más de lo habitual, pero las pocas veces que habló me daba la impresión de que estaba verdaderamente resentida contra Diablo. No sé si se debía a que había matado a una compañera, a que lo hacía responsable de la muerte de su familia, o simplemente al hecho de que la había hecho mostrar debilidad ante todo el Angeli, algo que había evitado durante muchos meses a base de ser tan hábil como introvertida. No sé exactamente porqué, pero no me gustó el estado de ánimo en el que se encontraba. Me daba la impresión de que podía hacer alguna tontería. Con ese pensamiento dándome vueltas en la cabeza me acosté, y pese al cansancio tardé mucho rato en dormirme.

Así que no me sorprendió demasiado cuando al levantarme me contaron que Lily había salido a primera hora de la mañana, cuando la gran mayoría del Angeli aún dormía. Pasé todo el día entrenando, ya que no me tocaba ronda. Entrené casi compulsivamente, parando exclusivamente a comer y a cenar y después me fui a la cama con el ánimo hundido, ya que Lily no había aparecido todavía.

Pasaron los días, y la más hábil de todos los Angeli comenzó a darse por muerta en muchas de las conversaciones en el Refugio. Yo proseguí mi ritmo infernal de entrenamiento. Pronto descubrí que el Trance no era suficiente para mí. Quería un nivel superior. Pasaba horas en Trance, buscando la manera de superar mi propio poder. Y finalmente, a la semana de la desaparición de Lily, lo encontré. La primera vez que entré en el Trance de la Katana, como lo llamé, todos los objetivos con los que entrenaba en el nivel trece, todos ellos espadas y armas auténticas, quedaron deshechos, partidos en pedazos. Era un estado en el que todo mi cuerpo parecía desaparecer, y sólo las dos katanas centraban todos mis sentidos. Era un arma de doble filo, por supuesto, ya que aumentaba exponencialmente mi habilidad y me otorgaba la capacidad de ignorar cualquier herida al perder la noción de mi cuerpo, pero precisamente por ello cuidaba menos las heridas que recibía y me daba la impresión de que se agravarían con facilidad.
Armado con mi nueva habilidad, descansé un día entero, pese a estar devorado por la impaciencia de ir a buscar a Lily. Mi cuerpo lo necesitaba, y de haber enfrentado un simple Lore hubiese sido incapaz de vencerlo. Además, no tenía ni la más remota idea de por dónde empezar a buscar, así que me dediqué a interrogar a los que la habían visto salir. Me dijeron que parecía que dirigía al Liffey, cerca del Phoenix Park, pero que no habló con nadie, así que no sabían su destino concreto.
Maldije el carácter introvertido de Lily, que me ponía las cosas más dificiles. Tendría que acercarme al Liffey y desde allí buscar siguiendo mi instinto, hasta que la suerte me llevara a la pista correcta.
Al levantarme el día siguiente, dejé una nota para Neil en la puerta de mi habitación, donde le comunicaba que me iba a buscar a Lily, y que mi primera parada sería el Liffey. No me hacía gracia que se preocupara por mí, pero tampoco quería ponerle las cosas más difíciles si a mí me pasaba lo que fuera que le había pasado a Lily... y más teniendo en cuenta que ella era mejor que yo, al menos antes de mi intensivo entrenamiento. Así que bajé las escaleras, sonreí a todo el mundo, casi pensando en una despedida, y me marché por la puerta que, a pesar de ser casi mediodía, sólo dejaba pasar la tenue luz del amanecer.

Un encuentro con Diablo

13 de mayo de 2020

Barrio de Manor Grove, Dublin, Irlanda


Y ahora que os habéis puesto al día, os contaré que Angel y yo somos grandes amigos a estas alturas. Hace semanas que superé el último nivel de entrenamiento, y he logrado llegar al undécimo nivel empuñando una sola katana de madera. Aún no soy como Lily, pero soy tan bueno como Arthur, y ligeramente inferior a Neil. Aunque el tema de las marcas me sigue pareciendo interesante, no le he insistido a Angel sobre el asunto, sobre todo porque me parece que tanto Ikon como él se sienten como si fuesen los responsables de las marcas, y no les hace gracia que nadie se inmiscuya en ese tema.

En cuanto a Lily... bueno, no he conseguido acercarme a ella tanto como quisiera, pero la veo a menudo, y ya he conseguido que salga del mutismo en el que se suele encerrar. Creo que es una forma de defenderse de la desesperación de haber perdido a su familia. Me siento tan identificado...

En fin, volvíamos de una ronda rutinaria que me había llevado a la calle donde estaba mi casa, en el barrio de Manor Grove. La verdad es que me afectó más de lo que dí a entender a mis compañeros, pero me sobrepuse cuando me dí cuenta de que la tenue luz del atardecer se reflejaba de forma extraña en un rincón de la calle.

- ¡Trak! ¡Trak en la primera esquina a la derecha!

No era gran cosa, pero avisar un peligro nunca le ha dado problemas a nadie, al menos en el Angeli. Mis compañeros habituales de ronda son dos buenos Angeli, pero perdimos a un miembro en una ronda en este mismo barrio el día anterior, y el equipo de ese día era más potente de lo habitual: nos habíamos unido Lily, una chica bastante mona pero mayor que yo que empuñaba un flagelo (un arma similar a un látigo pero con cuchillas en la punta), Dan y yo. Todos vestidos de manera similar, con ropa cómoda y sudaderas anchas con capucha, parecíamos sombras que se abalanzaban sobre el demonio, cuando de repente Lily exclamó:

- ¡Atrás todos! ¡Atrás! ¡Es una trampa!

¡En buena hora lo dijo! Apenas nos detuvimos y retrocedimos un par de pasos, de las calles laterales aparecieron gran número de Miles, y en las azoteas de los edificios colindantes un peculiar zumbido nos informó sobre la presencia de un número importante de Traks. Si no hubiésemos retrocedido, nos hubiesen rodeado y, probablemente, masacrado.

- ¡Dividíos! ¡Dan, Leyla! ¡Encargaos de los Traks de los tejados! ¡Evan, conmigo! Nosotros detendremos a los Miles.

La miré con aprensión, pero ella permaneció tranquila. Su seguridad me proporcionó confianza, y afronté la llegada de los Miles. Eran por lo menos diez o doce, y atacaban con la agresividad que los caracteriza. Nos empezaron a llover las delgadas agujas de los Traks de los tejados, pero la ropa ancha las detuvo sin problemas.

- Si uno de esos bichos nos acierta en la cara o en las manos, estamos listos – musité, casi para mis adentros.

- Confiemos en que Dan y Leyla sean rápidos – asintió Lily.

Cuando los primeros demonios llegaron hasta nosotros, ambos entramos en estado de Trance. Ahora que podía controlarlo, sentí con agrado cómo mis katanas despedazaban a los dos primeros, partiéndolos literalmente por la mitad. Lily, a mi lado, había sacado sus armas características: un puñal corto con una empuñadura que protegía su mano y una espada ligera y mortalmente afilada, y ambas chorreaban ya la sangre azulada de los Miles. Ambos giramos sobre nosotros mismos, y la danza de metal terminó con todos los demonios en menos tiempo del que se tarda en contarlo. Además terminamos ilesos, gracias al intensivo entrenamiento de Arthur.

Cuando alzamos la vista, vimos cómo Dan lanzaba sus dagas a los dos últimos Traks de su azotea. Yo había sacado el arco y le había colocado una flecha rápidamente, por si los de arriba tuvieran algún problema. Y eso le salvó la vida a Leyla, que, al deshacerse de uno de los últimos, realizó una sacudida demasiado enérgica y la capucha le resbaló de la cabeza. Expuesta, azotó a la desesperada a los dos últimos demonios que tenía delante, cuando un grito cruzó el aire:

- ¡Detrás! ¡Detrás de ti!

Supe que no le daría tiempo a reaccionar, así que calculé dónde debería estar el último demonio, basándome en la mirada de Dan y en mi propia intuición, y solté la flecha. Ésta voló ascendiendo, y cuando bajó atravesó limpiamente el cuerpo del Trak.

- Increíble... – gritó Dan desde su tejado - ¡lo has matado sin verlo!

Leyla se asomó al borde de su azotea, aún más alta que la de Dan. Esbozó una sonrisa agradecida en mi dirección, pero aún tenía rastros de la reciente tensión en el rostro. Se colocó la capucha, y saludó con la mano a Lily.

De súbito, una sombra enorme apareció tras Leyla. Imagino que ella sintió algo a su espalda, o notó nuestras caras de terror, porque inició el movimiento de saltar al vacío. No hubo tiempo. Antes incluso de que ninguno de nosotros pudiera articular palabra, la sombra alargó la mano y atravesó limpiamente el pecho de Leyla. Ésta puso cara de sorpresa, y se miró el pecho del que sobresalía una garra monumental. Nos miró a nosotros, como implorando ayuda, pero la sombra la alzó en vilo y la lanzó con violencia contra el suelo de la calle. Era imposible que hubiera sobrevivido a tan espantoso choque. El sonido del cuerpo de Leyla destrozándose contra el suelo hizo reaccionar a Lily, que nos gritó aterrada:

- ¡Vámonos! ¡Vámonos de aquí!

Dan saltó desde su tejado, agarrándose a un balcón que sobresalía a la altura de un primer piso, y desde ahí llegó al suelo. Le ayudamos a incorporarse y salimos a la carrera, alejándonos de la sombra, que volvió a desaparecer en el tejado.

- ¿Qué... era... eso? - pregunté entre jadeos - ¡Eso no era ningún demonio inferior!

- No – confirmó Lily. ¿Es que ni corriendo perdía la compostura esa chica? -. Eso... eso era el Diablo.

- ¿El Diablo? ¿El mismísimo... jefe del infierno... ha venido... a darnos un saludo? - dijo Dan, manteniendo a duras penas el ritmo infernal de Lily.

- La emboscada estaba demasiado bien preparada como para ser cosa de los Mile y los Trek. Eso ha sido planeado por un demonio superior. Y esa sombra no parecía un vampiro, ni un hombre lobo, ni ninguno de los demonios superiores Mile, Trek, Lore o Core. Así que sólo nos queda Diablo. O eso, o el cambiante superior. Pero mi intuición me dice que era el propio Lucifer.

¿Qué os puedo contar? Descubrimos que el propio Diablo había tendido una trampa para matarnos. ¿Qué haces después de eso? Bueno, os puedo decir lo que hicimos nosotros.

Corrimos.

Una buena conversación

13 de abril de 2020

Refugio del Angeli, Dublin, Irlanda.


Entré en el archivo, donde me recibió un sonriente Angel que parecía no tener nada que hacer. Le abordé entonces con un tema que me producía muchísima curiosidad desde que conociera a Neil: las marcas.

- Angel, quiero que me cuentes todo lo que sepas sobre las marcas.

- Bueno – empezó él -, es un tema complejo y largo. En un principio, descubrimos las marcas tras fijarnos que grupos de demonios que tenían una característica común, como por ejemplo una velocidad exagerada, llevaban siempre un símbolo dibujado en alguna parte de su cuerpo. Te hablo, por supuesto, de demonios de la misma clase; no sorprendería a nadie que un Mile fuese más rápido o ágil que un Lore.

Yo no sabía de qué me estaba hablando, pero no dejé que eso desviara mi atención.

- Y entonces ¿qué hicisteis?

- Primero probamos a tatuar el mismo símbolo sobre la piel de alguno de nosotros. No obtuvimos ningún resultado, por supuesto. Hay muchas reglas que hay que respetar para que una marca funcione. Me gustaría decirte que desvelamos sus secretos poco a poco y científicamente, pero lo cierto es que fue por casualidad. El hombre que me enseñó todo lo que sé sobre marcas, Ikon, fue el primero que trazó una marca que funcionara. Para ello registró minuciosamente la forma de la marca, y a continuación extrajo toda la tinta rúnica (la llamamos así) de la piel del cadáver de un demonio que había matado un Angeli. Después copió la marca en su propia piel, empleando para ello hasta la última gota de la tinta que había extraido. Y el resultado... bueno, ya conocerás a Ikon. Es un hombre viejo, creo que tiene setenta y tantos años. Después de ponerse la marca “fuerza” levantó con una sola mano este escritorio que tienes ante tí.

- Pero... ¿hizo todo eso sin saber que había que hacerlo?

- Ikon tiene un don. No se puede explicar de otro modo. Si me obligaras a ponerlo con palabras, creo que en todo tiene que existir un equilibrio. Como los demonios han invadido este mundo físico, el Infierno ha desequilibrado el orden natural de las cosas. En consecuencia, el Cielo ha respondido. Creo que a algunos de los Angeli les inspiran los ángeles.

A mí, ateo convencido, todo aquello me sonaba francamente ridículo, pero no le interrumpí.

- Ikon fue inspirado para armar a los Angeli con las marcas. A Lily la inspiraron para el combate. A Neil lo inspiraron para liderarnos. Son Angeli que se elevan sobre los demás, Angeli que a lo largo de los años han dejado su marca en todos nosotros.

- En el caso de Ikon, literalmente. - comenté, divertido.

Angel, sin embargo, no sonrió. Estaba muy serio, y comprendí que realmente creía todo lo que me había dicho. En realidad, pensé, muchas cosas que habría considerado descabelladas dos días antes ahora eran muy reales: demonios, hombres lobo, vampiros, hombres que hacían explotar paredes, viejecitos arrugados que levantaban escritorios... Así pues, todo lo que yo consideraba obvio podía perfectamente estar equivocado. ¿Por qué no prestar entonces atención a lo que me decía Angel?

- De acuerdo – dije entonces -. Ikon tiene un don que le permitió armar a los Angeli con las marcas. ¿Cuáles son los riesgos de emplear marcas, entonces? Neil me contó que alguien se puso su misma marca “explosión” en la mano y que ésta explotó, pero no entiendo porqué marcas iguales provocan efectos distintos.

- Sospechamos que las marcas son un lenguaje demoníaco de alguna clase. Igual que si intentara copiar ideogramas japoneses o escritura cuneiforme, al no estar familiarizado con los trazos podría perfectamente escribir cosas que suenen parecidas pero no signifiquen lo mismo. Por ponerte un ejemplo, la marca de Neil significa “explosión”, y la de ese imprudente Angeli podría ser “explotar”. ¿Ves la diferencia? Quizás invisible a nuestros ojos, una mota de tinta en el lugar equivocado, incluso estar tatuada en un lugar diferente del cuerpo podría cambiar de forma radical el significado de la marca.

- Comprendo – dije, mientras asimilaba el riesgo real del empleo de marcas.

- Déjame decirte – comentó Angel, hablando lentamente y mirándome con curiosidad – que nunca ningún Angeli había mostrado tal afán de conocimiento relativo a las marcas. Al menos no desde que yo mismo me convertí en el discípulo de Ikon.

- Y tú – pregunté -, ¿no tienes el don?

- Yo tengo el don de trabajar duro y ser metódico y preciso – contestó con dignidad, pero sin acritud. Parecía estar diciéndome “no hace falta tener el don para ser útil al Angeli”. Y tenía razón, me dije sonriendo.

- Bien – propuse, animado –, y ahora... ¿que tal una partidita de ajedrez?


Tras ser derrotado por Angel, en una partida larga e igualada, le comenté que había otro tema sobre el que quería información: Lily. Él rió sonoramente y aseguró:

- Todos los nuevos vienen a preguntarme por Lily. No sé por qué me sorprendo, en realidad.

Mentiría si os dijera que no me sentí mortificado por ese comentario. Siempre me ha gustado hacer cosas diferentes, separarme del resto. Pero esa chica tenía la cualidad de hacerme perder la prudencia, y eso no me gustaba nada.

- Bueno, aun a riesgo de ser típico y previsible... ¿qué me puedes contar sobre ella?

- La encontraron en una casa en ruinas, que por su aspecto había sido atacada por varios Lores.

- ¿Lores? Ya los has nombrado antes, cuando me has hablado de las marcas. ¿Qué es un Lore?

- ¿Nadie te lo ha explicado todavía? Bueno, claro, sólo llevas aquí dos días... es que hemos coincidido más veces en estos dos días de lo que suelo coincidir con otros Angeli en semanas – afirmó sonriente -. Un Lore es un tipo de demonio. Hay cinco tipos de demonios inferiores. Los Lore son enormes, del tamaño de un hipopótamo, con colmillos y garras venenosos y una segunda boca donde debería estar su estómago. Tienen mucha fuerza física, pero son estúpidos y tremendamente lentos. Suele ser mucho más fácil escapar de ellos que enfrentarlos. Los Mile son el tipo opuesto al Lore. Son del tamaño de un perro o un gato, endiabladamente ágiles y rápidos. No tienen veneno, ni lo necesitan, ya que desgarran a sus víctimas con los colmillos. Son todo dientes, afilados como cuchillas.

- Eso fue lo que mató a mi familia – dijo Evan, imperturbable.

- Vaya – se disculpó Angel -, no lo sabía. Lo siento.

- Bueno, no hay nada que se pueda hacer... excepto vengarlos. Sigue con los tipos de demonios, por favor.

- Ah, sí... - Angel parecía haber perdido el hilo – Bueno, llamamos Core a todo demonio inferior que posea alas o vuele por algún otro método. Los cambiantes, como puedes imaginar, adoptan cualquier forma que deseen, con lo que son terriblemente difíciles de identificar, aunque su limitada inteligencia les hace más fáciles de matar de lo que podrían ser si emplearan bien sus habilidades.

- ¿Y el último tipo?

- Los Trak. Atacan a distancia, desde una posición oculta. Lanzan pequeños dardos con un veneno de efecto instantáneo para el que no hemos encontrado antídoto. Si recibes un dardo de un Trak, estás muerto. Sin embargo, casi todos los Trak son de pequeño tamaño, y los dardos que lanzan son como alfileres. Por eso la mayoría de Angeli viste ropas anchas y capuchas, que les protegen de los dardos de los Trek. Con todo, son junto a los Mile los que más bajas causan en los Angeli.

- ¿Sabemos el número de demonios inferiores en Dublin?

- Creemos que hay unos dos mil, de los cuales la mayoría son Lore y Mile. No podemos ni intuir el número de cambiantes que habrá.

- Es un número elevado como para que no se vean por las calles.

- Deben tener refugios, pero hemos sido incapaces de encontrar ninguno de ellos. Quizás estén en las afueras de la ciudad. Si a tí te atacó un Mile, podría ser que la guarida de los Mile esté por Manor Grove. Es algo que deberíamos averiguar.

- Y ¿qué más me debe preocupar?

- Por encima de los demonios inferiores están los vampiros y los hombres lobo. Como se ocultan bien entre los humanos, y más con esta maldita media luz, no hay manera de encontrar a los clanes que se ocultan en Dublin. Sin embargo, estamos razonablemente seguros de que la gran mayoría se agrupa con otros de su especie, así que las guaridas de los vampiros y hombres lobo concentrarán a la gran mayoría de individuos que haya en la ciudad.

- ¿Son... - maldita sea, no podía evitar hacer esa pregunta, aunque sonaba ridícula hasta a mis propios oídos – son como en la televisión? ¿Como en las películas?

- Bueno, son bastante aproximados. De hecho, si has visto las películas de “Underworld” te puedes hacer una idea bastante cercana a la realidad de lo que son vampiros y hombres lobo. Estos últimos pueden cambiar a voluntad, pero sólo por la noche. No sabemos si a los vampiros les quema el sol, ya que nunca sale, pero la plata les afecta... y mucho.

- Vale. Demonios inferiores, vampiros y hombres lobo... si hay inferiores, imagino que habrá demonios superiores, ¿no?.

- Tú lo has dicho. Sabemos que hay un demonio superior preteneciente a cada clase inferior, y como mínimo tres líderes de clanes vampiros y dos de licántropos de capacidad similar a estos. Además, el propio Diablo ha aparecido alguna vez ante los miembros más hábiles del Angeli. Así que creemos que hay once criaturas infernales de un nivel superior a cualquier Angeli, excepto quizás Lily, Arthur y Neil. Sólo ellos tres tienen posibilidades contra alguno de ellos, y eso siempre en un uno contra uno, escenario poco probable.

- Bueno, muchas gracias por la información, pero se me ha hecho bastante tarde. Voy a ver si ceno algo. ¿Nos vemos ahí?

- No creo, le he pedido a Ikon que me traiga la cena aquí. Vamos a trabajar hasta tarde, porque dice que tiene una nueva teoría sobre las marcas que queremos probar.

- Vale, pues mañana vendré a darte un poco más la lata – dije riendo.

- Aquí te espero – me contestó, guiñándome un ojo.

Sólo cuando salí del archivo me fijé en que, al final, no había averiguado nada de Lily.

El último nivel

13 de abril de 2020

Refugio del Angeli, Dublin, Irlanda


Me levanté con los ojos hinchados por el llanto de la noche anterior, un considerable dolor de cabeza y muy pocas ganas de acudir al prometido entrenamiento de combate con Arthur. Sin embargo, apenas recordé cuál era el objetivo final de ese entrenamiento me subió el ánimo, aunque fuese un ánimo oscuro, y tras una buena ducha mi desastroso aspecto volvió en su mayor parte a la normalidad. Canturreé un buen rato entre agua y burbujas hasta que me sentí limpio tanto por fuera como por dentro. Entonces salí y me vestí, echando de menos algo para eliminar la incipiente barba que me estaba saliendo después de varios días sin afeitarme.

Cuando entré en el gimnasio, Arthur volvía a usar la cabeza de Dan de tambor. El pobre pelirrojo tenía ahora un chichón sobre el chichón del día anterior. Contuve las ganas de reír, sabiendo que era muy probable que yo sufriera el mismo destino. Sin embargo, resultó que Arthur no tenía intención de pelear conmigo, al menos no ese día. En cambio, me llevó a una parte del gimnasio que yo aún no había visto.

- El ejercicio que quiero que hagas ahora – dijo, con el rostro serio – consiste en atacar objetivos móviles. ¿Ves eso que cuelga del techo?

Cuando miré donde él me señalaba, ví una serie de objetos redondos que pendían de unas cuerdas sujetas al techo.

- Sí.

- Bien. Al principio tú tendrás una espada de madera, y los objetivos te atacarán poco a poco. Te debes colocar en este punto – y señaló un lugar marcado en el suelo con un círculo -, de forma que cuando yo active el mecanismo los objetivos te caigan encima de uno en uno. Conforme vayas superando niveles de dificultad, cada vez caerán más a la vez, y más deprisa. Cuando yo lo considere oportuno te entregaré otra espada de madera, para que puedas mejorar tu técnica con dos espadas, pero de momento quiero asegurarme de que si pierdes una katana no vas a morir por no saber defenderte con una sola.

- Antes de especializarme en la doble katana aprendí a manejar una sola katana, y además con ambas manos. Pero está bien, hace ya tiempo que no practico así.

- Bien. Vendré en un rato para ver cómo te va. Prepárate, porque voy a activar el mecanismo.

- O.k. Cuando quieras.

Arthur apretó un botón de la pared, e inmediatamente uno de los objetivos cayó hacia mí. Lo golpeé duramente con la espada, y, tras desviarse, volvió a su posición original. Instantes después, caía otro. Lo repelí de nuevo, casi aburrido. Aquello era muy fácil. Yo había alcanzado en dos ocasiones los cuartos de final del campeonato mundial juvenil de kendo. Ese ejercicio era pan comido.

Cada pocos minutos, Arthur acudía, comprobaba que el nivel de dificultad no era lo bastante alto y lo aumentaba. Cuando llegué al quinto nivel, casi no me daba tiempo a recuperar la posición antes de la llegada del siguiente objetivo. Aún no había sido golpeado, pero aquello se ponía complicado. Además, empezaron a caer también objetivos desde atrás. La primera vez no fui golpeado de milagro, me aparté institivamente sólo porque noté que Arthur se había quedado mirando, como esperando que pasara algo. Me alegró la cara de sorpresa que puso.

En el séptimo nivel seguir el ritmo con una sola espada era imposible. Lo superé con muchísimos problemas, esquivando casi tanto como golpeando. Cuando entró Arthur (pude ver tras la puerta que Dan se retiraba quejándose y dolorido) me dijo que a partir del octavo nivel se permitía usar más de un arma, pero que sólo tres miembros del Angeli eran capaces de llegar al décimo nivel empleando una sola arma. No me sorprendió enterarme de que eran el propio Arthur, Neil y Lily. Los rumores sobre la habilidad de esa chica empezaban a mosquearme, siendo sincero. Tenía algo de envidia.

Sin embargo, acepté la segunda espada de madera, sabiendo que mi nivel no era el suficiente todavía. Superé el octavo nivel, sintiéndome mucho más cómodo empuñando ambas espadas, y sin llegar a ser golpeado, para la sorpresa de mi instructor.

- Me parece que el noveno nivel es innecesario. Vamos a pasar directamente al décimo.

Me sorprendió escuchar algo así de Arthur, pero más aún cuando se acercó y descolgó los objetivos. Entonces cambió los objetos redondos que había estado golpeando por armas de entrenamiento: puñales, espadas y mazas de madera, que si me alcanzaban me iban a causar mucho más daño que los objetivos anteriores.

- El objetivo de este entrenamiento es que aprendas a defenderte de las acometidas de demonios que realmente quieren matarte. Por tanto, esto es más parecido a una situación de combate real. Te aconsejo mucha cautela, porque si uno de estos te alcanza, lo vas a pasar mal.

- No se puede pelear con miedo – dije sonriendo -. Voy a superar este nivel. ¿Cuál es el récord del refugio?

- Hay trece niveles. Sólo Lily ha conseguido superar los trece sin emplear dos armas. Neil y yo podemos hacer los trece, pero yo me apoyo de una kodashi (un arma corta defensiva japonesa), y Neil emplea dos puños americanos con cuchilla de esos que usa él. Hay algunos en el Angeli capaces de llegar al nivel trece, pero ninguno lo ha superado sin ser golpeado. Asumimos que en el momento en el que un demonio te hiere en batalla pierdes movilidad, velocidad de reflejos y fuerza, además de que el olor a sangre atrae a más demonios. Por tanto, éste es un entrenamiento basado en que no te toque ningún demonio, por más que sean.

- ¡Vamos allá, pues! - exclamé, emocionado.

- No – dijo Arthur, para mi desencanto -. Pensándolo mejor, prefiero que te vayas a ducharte y después bajes al comedor. Son más de las dos y media, y si llegas más tarde de las tres y media sólo comerás restos.

Refunfuñando, pues estaba muy centrado en el entrenamiento, me dirigí a las duchas. Una vez allí comprobé que había gastado una buena parte de mi energía, y que probablemente no hubiese superado el décimo nivel. Sonreí al comprender que Arthur me estaba ayudando a ser de los mejores.

Tras ducharme por segunda vez en el día bajé al comedor. ¡Justo a tiempo! Había para comer un delicioso estofado de carne con patatas y verduras. Comí hasta hartarme, acompañando la sabrosa salsa con mucho pan. Quería reponer energías para poder enfrentarme a los niveles más avanzados esa misma tarde.


Sin embargo, quedé decepcionado de nuevo. Cuando llegué al gimnasio tras haber descansado un rato después de la comida alguien estaba ya haciendo el mismo entrenamiento que yo. Contrariado, fui a la armería, recogí mis katanas y realicé algunos ejercicios simples, concentrándome mucho en mis movimientos para que fueran perfectos. Poco a poco fui cogiendo velocidad y aumentando la complejidad de mis secuencias, hasta que la hoja de mis katanas era apenas un destello borroso que trazaba líneas con precisión mortal.

De súbito fui consciente de que todo el mundo en el gimnasio se había detenido y contemplaba mi actuación. Ruborizándome, envainé las katanas, cuando sentí una poderosa presencia a mi espalda. Fue una sensación parecida a cuando sientes que alguien te observa, pero multiplicada por diez.

Me giré para ver al propietario de tan formidable aura, y creo que debí dar una impresión lamentable, porque me quedé con la boca abierta. Una preciosa pelirroja me evaluaba con una mirada que me hizo sentir que podía ver mi alma. Era una chica delgada de unos dieciocho o diecinueve años, con el pelo largo y rizado, unos enormes ojos verdes, como los míos, con una mirada profunda e intensa, labios carnosos... mentiría si os dijera que conseguí evitar mirar su figura. Tenía un tipo maravilloso. En realidad sería inútil intentar describir semejante belleza de forma que le hiciera justicia. Que cada cual piense en la chica más maravillosamente atractiva que pueda imaginar, y se acercará a aquella muchacha que era, obviamente, Lily.

Con un gran esfuerzo recuperé el control de mí mismo, cerré la boca y me acerqué a ella tendiéndole la mano.

- ¿Tu eres Lily, verdad? Me han hablado mucho de ti, tenía ganas de conocerte por fin. Yo me llamo Evan.

Lily me miró de arriba abajo antes de tenderme fríamente una mano, que estreché sintiéndome muy incómodo.

- No lo haces mal, Evan. Pero tendrás que mejorar antes de salir ahí fuera a matar a esas bestias.

Me sentí levemente irritado por el comentario, pero lo disimulé tras una sonrisa cortés.

Lily salió andando con calma del gimnasio. Me acerqué a ver cómo entrenaba, y me quedé nuevamente estupefacto. No sólo el indicador de nivel marcaba el trece. Además todos los objetivos habían sido cambiados por armas de verdad, incluso algunos eran garras y colmillos, supuse que de demonios, que sin duda Lily había obtenido en sus misiones para el Angeli.

Salí del gimnasio pensativo, comprobando mis sentimientos hacia esa chica. Descubrí que me exasperaba y me atraía a partes iguales. Yo no era inmune a su magnetismo ni a su atractivo físico, pero quería marcar distancias con cualquiera que se le hubiese acercado antes, y tampoco pensaba dedicar horas y horas a atravesar la coraza de hielo que por lo visto la recubría.

Marché entonces a ver a Angel, con la cabeza llena de confusas ideas y sensaciones. No sabía a ciencia cierta lo que sentía por esa chica, pero de lo que sí estaba seguro era de que la quería volver a ver.

El día después

12 de abril de 2020
Refugio del Angeli, Dublin, Irlanda.

Antes de ir al archivo de marcas, donde conocería al enigmático Angel, Neil quiso que nos acercáramos al gimnasio, donde los Angeli perfeccionaban sus habilidades de combate. Allí, según me explicó, había siempre alguien entrenando, incluso a altas horasde la noche. No hizo falta que me explicara que, si no puedes dormir, es mucho mejor aprender a matar con más eficiencia a los demonios que recordar ciertas cosas del pasado.
Incluso antes de abrir la puerta que conducía al gimnasio, pude apreciar diferencias en la estructura de aquella sala. La puerta era metálica, en lugar de estar hecha de madera como el resto de las del edificio. Además, ni un solo sonido salía de ella, y era indudable que a aquella hora habría gente entrenando en su interior, por lo que deduje que debía estar insonorizada. Neil, que parecía que podía leerme el pensamiento, completó mis hipótesis:
- Esta sala está insonorizada, todas las puertas y ventanas son metálicas para evitar accidentes si algún arma atravesara la madera, y además es imposible rastrear el calor en el interior del gimnasio. Hay demonios que poseen visión infrarroja, y pueden detectar dónde se concentran los humanos. Así encontraron nuestro anterior escondrijo...
La voz de Neil se apagó, mientras el veterano cazador se pasaba la mano por el canoso cabello. Tuve entonces la clara impresión de que Neil rememoraba un episodio particularmente angustioso de su vida. Estuve a punto de preguntarle qué sucedió, pero Neil agitó la cabeza, me sonrió nuevamente y me dijo:
- ¿Vamos, pues?

En el interior del gimnasio había todo lo que podía necesitar un cazador en su entrenamiento. Un armario de gran tamaño contenía armas de todo tipo, y versiones en madera o plástico de las armas con filo, para entrenar en condiciones de combate real. Había máquinas de musculación de todo tipo, pesas, barras, y otros aparatos. En un lado, un hombre joven de pelo rubio y largo practicaba a solas con una espada larga que tenía aspecto de ser bastante pesada. Sobre un tatami un chico que no pasaría de los dieciséis y que vestía totalmente de negro, con el pelo rojo chillón y todo de punta, trataba de tocar con dos cuchillos a un hombre mayor, de unos cuarenta años, que lo evadía sin ningún esfuerzo y bloqueaba con su espada de madera una y otra vez las acometidas de las dos armas cortas. Al fondo una chica joven, de unos veintitrés o veinticuatro años, afinaba su puntería con una especie de cuchillos arrojadizos.
- ¿Por qué – pregunté, confundido – nadie emplea armas de fuego?
- No sabemos porqué, pero parece que los demonios tienen una gran resistencia ante las balas. Es como si, tras el impacto inicial, resistieran la herida sin problemas. En cambio, con un buen corte de un arma de filo no se levantan más.
Quien me había contestado era el hombre maduro que practicaba segundos antes en el tatami. Cuando miré al joven del pelo rojo, lo descubrí sentado en el suelo y frotándose la cabeza, donde ya le empezaba a salir un gran chichón.
- Evan – dijo Neil -, te presento a Arthur. Él enseña esgrima y técnicas básicas de combate contra los demonios a los novatos como tú. Mañana te pondrás bajo sus enseñanzas, y serás tú quien se frote la cabeza tras un golpe, como ahora hace Dan. ¿Verdad, chico?
Dan gruñó desde el suelo como única respuesta.
- ¿Qué opinas, Arthur? - preguntó Neil – Lo pesqué anoche en Manor Grove, mientras daba una vuelta por la zona.
- ¿En Manor Grove? ¿Y qué hacías tú tan al sur del Liffey? Bueno, es igual, siempre haces lo que quieres...veamos al chico.
Arthur me miró apreciativamente durante unos segundos, que se me hicieron eternos. Después se volvió hacia Neil.
- Tiene presencia. Posee un fuerte aura, y la postura que tiene junto con la fluidez de sus movimientos al entrar... yo diría que emplea armas de filo curvo, y probablemente una en cada mano. ¿No es cierto, chico?
- Me llamo Evan, señor. Y sí, uso dos katanas.
- Evan, ¿eh?. Bueno, puedes llamarme Arthur. Eso de “señor” me hace sentir mayor. Sin embargo, yo diría que hay algo más... pero no es posible... nadie desde... desde Lily... no puede ser... Neil, este chico...¿tiene el Trance?
- ¡Bien supuesto! - dijo Neil, encantado – Su casa fue atacada por un Mile. Se defendió como un verdadero Angeli y destrozó al demonio con sus espadas.
La cara de incredulidad y sorpresa de Arthur por que yo hubiera sobrevivido al ataque de ese Mile (fuera lo que fuera eso) casi compensó el dolor que sentí al revivir la espantosa escena del día anterior.

Cuando nos marchamos del gimnasio, con la promesa de volver el día siguiente para entrenar con Arthur, Neil me miró con una mueca pícara.
- Ha sido una lástima, parece que Lily está en alguna misión o patrullando alguna zona de Dublin. Me hubiese gustado presentártela.
- Si no fuese porque dices que es imposible, juraría que estás intentado liarme con ella – bromeé.
- Bueno, bueno, quién sabe...
Nos reímos mientras cruzábamos la sala principal, pero yo seguía experimentando ramalazos de dolor casi constantes por lo sucedido la noche antes.
Por fin dirigimos nuestros pasos al archivo de marcas, para que yo pudiera conocer a Angel. Lo primero que pensé al entrar en la sala fue que probablemente había sido una biblioteca en el pasado. Grandes estanterías polvorientas y vacías llenaban la sala, mal iluminada, con cortinajes cubriendo las ventanas y la luz eléctrica apagada. Tan sólo la más cercana a la puerta presentaba signos de uso reciente: se podían ver en ella varios grandes volúmenes encuadernados en piel, así como algo que parecían carpetas de apuntes. Había una mesa con una silla desocupada, equipada con un flexo encendido, varios botes de lo que me pareció tinta china, instrumentos de escritura parecidos a plumas, pero de un diseño extraño y una moderna cámara digital. Parecía que Angel no estaba allí, así que me acerqué a la primera estantería, con la sana intención de curiosear un poco por allí. Leí rápidamente los títulos de los tomos de piel: había cosas como “Guía demoníaca”, “Demonios de nuestros tiempos”, “Hijos de la noche” y otros similares. Sin embargo, apenas extendí mi mano hacia las carpetas de apuntes, una voz surgió de las sombras del fondo de la habitación, sobresaltándome.
- ¡Neil! Ya hacía tiempo que no te pasabas por aquí. ¿No echas de menos nuestras partidas?
Se trataba de un joven, apenas mayor que yo, que avanzaba hacia nosotros con un manojo de fotos recién reveladas en la mano. Llevaba despeinado el corto cabello negro, y las gafas de montura de pasta le resbalaban continuamente hasta la punta de la nariz. Vestía una camiseta vieja, ancha y cómoda, con un llamativo mensaje de “Salvemos a las ballenas”, y unos vaqueros anchos. El conjunto de su aspecto le daba un aire de genio extravagante y despistado. No era mal parecido, pero estoy seguro de que ninguna chica se le había acercado en su vida.
- Evan, éste es Angel. Es un genio en todo lo relativo a las marcas. Él te podrá explicar con más detalle cómo se extraen las marcas de los demonios. Además es un gran jugador de ajedrez, con el que he disfrutado mucho ante un tablero. Es difícil ganarle, aunque cuando lo consigo me siento muy bien – terminó entre carcajadas.
- Encantado, Angel. Tenía muchas ganas de conocerte. El tema de las marcas me parece tremendamente interesante.
- Igualmente, Evan. Puedes pasarte por aquí todas las veces que quieras, y, si no estoy en una extracción, podrás preguntar todo lo que la curiosidad te pida. Además, ¿sabes jugar al ajedrez? Sería un placer recuperar la costumbre de practicar.
- Hace mucho que no juego, pero no se me daba mal. Echaremos alguna partida, seguro – dije guiñándole un ojo.
- Perfecto – sonrió él -. Ahora, si me disculpáis, tengo que terminar de registrar esta marca que recogió Lily ayer.
- ¿Sabes dónde está ahora? - interrogó Neil.
- No tengo ni idea. No la veo desde ayer por la tarde, cuando me trajo la marca.
Angel mostró a Neil lo que parecía ser un pedazo de piel, de color pardo, sobre el que relucía una inscripción hecha con algo similar a tinta plateada.
Mientras salíamos, Neil me explicó algo más acerca de las marcas.
- Cada marca se prepara con un tipo especial de tinta. Debemos extraer la tinta de la piel, y luego hacer exactamente el mismo dibujo si pretendemos emplear la marca, usando para ello toda la tinta disponible. Es un trabajo arduo, que lleva horas. Dejemos a Angel tranquilo hasta mañana.
Como me había levantado tarde, ya casi era la hora de comer. No tenía mucha hambre por el tardío y abundante desayuno, pero nos dirigimos al comedor, a falta de algo mejor que hacer.
Ante un buen plato de spaghetti mi apetito regresó raudo como el viento. Probé tentativamente la pasta con la punta de la lengua, y tras comprobar que no quemaba me metí el tenedor en la boca. ¡Qué delicia! Cebolla, nata, bacon, laurel, perejil, orégano... toda una sinfonía de sabores en el paladar.
- Mmm...¡esto está buenísimo!
- No me extraña que te guste – dijo riendo Neil -. El equipo de cocina está formado por auténticos cracks de los fogones. La comida aquí siempre es deliciosa.
- Doy fe – asentí con la cabeza, mientras masticaba con la boca llena.
- Tampoco seas tan ansioso – dijo Neil, con la risa dibujada en la cara de nuevo -. ¡Que no te lo va a quitar nadie!
- ¡Es que está demasiado bueno!
Con semejante incentivo, no tardé en dar buena cuenta del plato, y acto seguido me tomé una sabrosa manzana verde como postre.
Después de comer, Neil me dijo que un equipo de limpieza ya había pasado por mi casa, y que si me veía capaz podíamos ir a recoger mis cosas, de modo que pusimos rumbo a mi hogar, en el otro lado de la ciudad.
Por el camino la suave luz del perenne atardecer nos acompañó, y el trayecto fue un tranquilo paseo. Cuando llegué a mi casa, sentí como un golpe en el corazón. La puerta, entreabierta, chirriaba suavemente al viento primaveral. El agujero que hiciera Neil la noche anterior aún estaba en la pared de la habitación del piso de abajo.
Entré acompañado de Neil, a quien notaba muy tenso y alerta, por si algún demonio rondara por allí. Subí a mi habitación y recogí algo de ropa (principalmente sudaderas con capucha, camisetas negras y vaqueros, así como varias mudas de ropa interior), que fue directa a la mochila que me había dado Neil en el refugio. Después me colgué el arco al hombro y el carcaj a la espalda, así como las vainas de ambas espadas también en la espalda, sujetas con unas correas destinadas a tal fin que me compré en Hokkaido, en un viaje familiar a Japón, varios años atrás. También guardé un par de cosas que me ayudarían a recordar mi antigua vida, como algunas fotos y objetos personales. En todo momento sentía la presencia de mi familia a mi alrededor, y el dolor en mi corazón era más fuerte por momentos. Las lágrimas asomaron a mis ojos al pensar en mis padres y mi hermana, pero resistí la tentación de ponerme a llorar. Sacudiendo la cabeza, me deshice de esos tristes pensamientos, guardándolos en el fondo de mi mente, y bajé de nuevo las escaleras.
Cuando Neil me vió aparecer tan bien armado, movió afirmativamente la cabeza con aprobación y me metió prisa para marcharnos. Pero, pese a toda su premura, ningún demonio o criatura abisal nos acechaba, y volvimos cuando ya oscurecía sin haber tenido ningún contratiempo.
Neil me comentó que iba a ver qué había para cenar, así que yo me acerqué a la armería, donde aún no había tenido ocasión de entrar. Resultó ser un organizado almacén donde había dos secciones: en una había gran cantidad de armas de todo tipo en soportes enganchados a las paredes, así como en contenedores redondos que había en el suelo; la otra consistía en un enorme mueble con multitud de estantes y divisores, que creaba secciones cuadradas similares a taquillas. Cada una de ellas estaba acompañada por un nombre: Neil, Arthur, Lily, Angel (allí descubrí que Angel también luchaba, con un arma similar a un katar), Dan... comprobé con sorpresa que una de las del fondo rezaba “Evan”. Dado que tenía mi nombre, tras dudar unos momentos deposité allí mis dos katanas envainadas, las correas para atármelas a la espalda, el arco y el carcaj.
Al salir me encontré con Arthur y Angel, que hablaban animadamente camino del comedor para la cena. Me uní a ellos y llegamos juntos a la entrada, donde Neil hablaba con una mujer a la que yo no conocía. Era una mujer de unos cuarenta y pocos, todavía guapa y con una buena figura. Su pelo largo, liso y oscuro contrastaba con sus ojos verdes. Neil no me la presentó, pero escuché que la llamaba Naya, y el brillo que ambos teníanen los ojos me hizo pensar que había algo entre ellos. Cuando terminaron la conversación, Naya se excusó y desapareció escaleras arriba, así que Neil se unió a nosotros para nuestra incursión al comedor.
La cena fue el mejor momento de todo el día. Angel, tal y como había predicho Neil, me cayó muy bien desde el primer momento, y pasamos gran parte de la noche enfrascados en una interesante conversación que alternó el armamento medieval japonés con diferentes aperturas ajedrecísticas. Por su lado, Neil y Arthur charlaban distendidamente sobre la actualidad del Angeli, gracias a lo cual me enteré de que yo era el último de una gran racha de incorporaciones al gremio, algunas de las cuales habían resultado ser muy hábiles y competentes. Sin embargo, la gran mayoría eran hombres y mujeres jóvenes, de unos treinta años. No muchos adolescentes sobrevivían al infierno diario de Dublin. Había algunos, como Dan, que tenía quince años, y Donna, la chica italiana que practicaba con los kunais cuando fuimos al gimnasio, que tenía veinticinco y había venido a Dublin como estudiante erasmus dos años antes. Pero de mi edad, entre dieciocho y veinte años, los únicos miembros en el Angeli eran Lily y Angel.
Pese a lo oscuro del tema de conversación, a lo largo de toda la cena hubo muchas bromas y risas, y por un momento conseguí olvidar todo lo que había pasado la noche anterior.
Nos despedimos afectuosamente y me dirigí a mi dormitorio mientras mi sensación de bienestar iba desapareciendo para dejar sitio a una inquietud creciente.
Cuando llegué a mi cama todo lo que los acontecimientos del día me habían impedido pensar cayó sobre mí con una fuerza arrolladora. Mi pecho se hizo un gigantesco nudo, mis ojos se anegaron en lágrimas, que me empeñé en no dejar caer, y los sollozos pugnaron por salir de mi garganta. En mi cabeza ví de nuevo a toda mi familia morir, una y otra vez. Aguanté estoicamente, pero con el paso del tiempo el nudo no se aflojaba, sino que apretaba más y más. Finalmente no pude soportarlo, hundí mi cabeza en la almohada y lloré, lloré como no lo había hecho nunca antes, reduciendo los sollozos para que no se me oyera en las habitaciones contiguas, con todo mi cuerpo sacudido por incontrolables temblores. Lloré durante horas, hasta que el nudo se aflojó y finalmente se deshizo. Entonces me incorporé, con los ojos arrasados, y me juré a mí mismo que no volvería a derramar una sola lágrima hasta el día en que el último de los demonios que habían invadido mi Dublin natal hubiese sido eliminado. Y eso incluía al tal Patrick Hanlon, que había sido el causante de que toda mi familia estuviera camino del cielo.

22 ene 2010

El refugio

12 de abril de 2020

Refugio del Angeli, Dublin, Irlanda


Según me dijeron al día siguiente, había dormido casi quince horas seguidas. Cuando bajé las escaleras, me encontré de frente con un sonriente Neil.

- ¿Has dormido bien?

¿Cómo explicar que mis sueños estuvieron poblados de las más horrendas pesadillas en las que mi familia era masacrada una y otra vez? Seguramente él ya lo sabía. Además, tampoco me apetecía hablar de mis sueños.

- Sí, la cama era muy cómoda.

- Bueno – dijo entonces Neil -, ven, que te llevaré a desayunar. Allí podrás preguntarme todas esas cosas que sin duda te bullen en la cabeza.

Entramos en el amplísimo comedor cruzando una ancha puerta doble de madera (de roble, según me pareció), donde me paré un momento para que mi vista comprendiera cómo era posible que una estancia tan amplia cupiera en aquel edificio. Finalmente capté los pequeños trucos que le daban esa sensación de amplitud: los espejos en la pared derecha, los enormes ventanales, la inteligente distribución de las mesas...

Debido a que me había levantado tan tarde, no había nadie en el comedor, y los cocineros se afanaban con la preparación de la comida. Mi olfato nunca ha sido gran cosa, mi punto fuerte siempre ha sido el oído, pero los deliciosos aromas a bacon y especias me hicieron intuir que el menú del día era pasta a la carbonara... uno de mis platos favoritos.

Sin embargo, lo primero es lo primero. Nos sentamos en una mesa redonda y me sirvieron un café con leche condensada, que yo nunca había probado y que Neil me dijo que se llamaba “bombón”, junto a unos exquisitos croissants rellenos de un chocolate muy dulce. Tengo que reconocer que el dulce siempre ha sido mi gran debilidad, y de no ser por el tiempo que pasaba fuera de casa corriendo, saltando y jugando yo habría resultado un niño obeso. Pero, gracias a la gran cantidad de ejercicio físico que hacía a diario, mi estado era, y aún es, envidiable.

Mientras paladeaba mi desayuno Neil empezó a explicarme todo lo que necesitaba saber acerca del Angeli.

- Pero – preguntaba yo -, ¿cómo empezó todo esto?

- Hace diez años – relató Neil – un estúpido idiota ebrio de poder llamado Patrick Hanlon, que actuaba como vidente para una cadena de televisión sacó de alguna parte un libro que quizás conozcas. Se lo conoce como el Codex Gigas.

- Nunca había oído hablar de él.

- Eso está bien – dijo, con un suspiro -. El Codex Gigas es el libro más autorizado en materia de pactos con el Diablo. Se lo considera la Biblia del Diablo. Siguiendo sus indicaciones, ese idiota consiguió invocar a su presencia al mayor de los Tres Males, Lucifer. Según hemos podido averiguar a lo largo de estos diez años, Hanlon acordó con Lucifer una longevidad extraordinaria, una caterva de demonios que, presuntamente, siguen sus órdenes y le actúan como guardaespaldas, así como varias súcubos para su placer personal y todo el dinero que puediera desear. A cambio, además de entregarle su alma, Hanlon abrió un portal que permitió penetrar en nuestro mundo a un ingente número de demonios, vampiros, hombres lobo, brujas y otros engendros del mal. Y ahora nuestra bella ciudad está invadida por estos enemigos de la Luz. Sin embargo, pocos humanos han entendido la realidad tal y como es. Todos saben que algo malo les pasará si salen a la calle de noche, pero es algo instintivo, que no pueden explicar.

Yo escuchaba en silecio, atónito por las revelaciones que se me ofrecían.

- Muchos de los habitantes del infierno que han entrado en nuestro mundo son criaturas estúpidas, como animales. Pero algunos de ellos tienen inteligencias muy superiores a los otros, e incluso superiores a la humana. Son los comandantes de las hordas del infierno. Suponemos que la conquista de Dublin es un paso hacia la invasión de todo el mundo, y que pretenden abrir un nuevo portal, mucho mayor que el anterior. Sin embargo, para eso deben vaciar la ciudad de humanos. Hemos comprobado que los demonios no atacan a casas ni lugares que estén cerrados, y, por supuesto, no pueden entrar en lugares sagrados. Supongo que ayer la puerta de tu casa quedó entreabierta, si no el demonio no hubiese podido entrar.

- Y ¿cómo combatir a esos demonios?

- A la mayoría de ellos los podrás matar con un simple entrenamiento de combate, que aprenderás aquí en menos de una semana. Poseyendo el Talento, y además el Trance, como es tu caso, no deberías tener problemas con ellos. Lo difícil es enfrentarse a los comandantes, los cuales llevan siempre una guardia personal de diez guerreros muy poderosos, generalmente vampiros, hombres lobo y grandes demonios. Para poder enfrentarnos a ellos en igualdad de condiciones, empleamos marcas que aumentan nuestras capacidades fisicas.

- ¿Marcas? Y, ¿qué son exactamente las marcas?

- Las marcas son tatuajes que extraemos de los demonios. El proceso es largo y complicado, y si te soy franco ni yo mismo sé exactamente cómo lo hacen Angel e Ikon, su mentor. En resumen, cada marca tiene un efecto distinto: unas te proporcionarán una fuerza sobrehumana, otras te permitirán saltar distancias increíbles... y otras te volverán loco, o te causarán un insufrible dolor. No podemos predecir el efecto de una marca en una persona, sólo podemos usar cada marca una sola vez (algo relacionado con la extracción), y además cada marca parece actuar de forma diferente en cada individuo. El resultado es que decidirte a ponerte una marca es arriesgado en extremo, ya que nunca sabes cómo te va a afectar. Pero, pese a ello, la mayoría de los Angeli llevamos una marca u otra.

- ¿Tú llevas alguna?

Neil sonrió y se quitó el guante que cubría su mano derecha. Yo me había fijado antes en sus guantes; parecían hechos de algún material similar al cuero, con una cinta para ajustarlos a la muñeca y dejando los dedos al aire. Entonces descubrí la marca en la palma de la mano de Neil. Era similar a los caracteres ideográficos de los idiomas orientales.

- Creemos que esta marca significa “explosión”. Cuando me concentro, puedo emplear su poder para hacer explosionar violentamente cualquier cosa a mi alcance. Cuanta mayor sea la velocidad a la que golpeo, más violenta es la explosión.

Se hizo repentinamente la luz en mi embotado cerebro, y relacioné de golpe aquel poder con el resplandor amarillo que cubría la hoja del arma de Neil cuando la noche anterior reventó literalmente una pared de lo que había sido mi casa con un simple puñetazo.

No pregunté nada más, y Neil tampoco pareció ansioso por seguir compartiendo revelaciones conmigo. Sin embargo, iba pensando en todo lo que había aprendido aquella mañana, y comenzaba a tener muchas ganas de conocer al tal Angel. ¡Las marcas parecían prometer todo lo que escapaba a mi frágil límite humano!

- Por cierto, Evan.

- ¿Sí, Neil?

- ¿No te has preguntado porqué no hay más cazadores con esta misma marca?

- Sí, en realidad me pregunto porqué no emplea todo el mundo marcas que ya se han revelado útiles.

- Hubo un cazador que quiso este mismo poder. Cuando se terminó de fijar la marca, comenzó a gritar de dolor. La mano se le hinchó a ojos vistas, y en cuestión de segundos...

- ¿Qué pasó? - pregunté, sobrecogido.

- ¿Recuerdas qué significaba la marca?

...

Ah, bien.

21 ene 2010

La historia de Evan

11 de abril de 2020

Barrio de Manor Grove, Dublin, Irlanda


Cuando mis padres y mi hermana pequeña murieron en el ataque de un demonio a nuestro antiguo hogar en el sur de Dublin, el estrépito que hacía la criatura atrajo al interior a Neil, que deambulaba por los alrededores. Cuando entró se encontró con una escena dantesca: el salón se hallaba arrasado y los tres cadáveres destrozados estaban tirados en el suelo; las paredes estaban salpicadas de sangre, y hubiese sido imposible saber el color original de la alfombra que algún día adornó el suelo, ya que estaba empapada en el rojo fluido. Los ruidos en la habitación contigua le hicieron temer lo peor, pero cuando cruzó la puerta, que pendía de la bisagra superior, descubrió que el demonio había caído, horriblemente desfigurado, bajo las dos katanas que blandía un joven de tez pálida, corto pelo pelirrojo y ojos verdes y grandes. El chico (que, como podéis suponer, era yo) tenía la cara desencajada por el pánico, la pena y la tensión, y las lágrimas caían por sus mejillas, pero su expresión era resuelta.

Nuestras miradas se cruzaron, y yo pude percibir claramente el poder que emanaba aquél hombre. Apenas pasaría los treinta y cinco años, pero su corto cabello era ya en su mayoría plateado. Sólo aquí y allá se podían ver algunos mechones que revelaban que alguna vez tuvo un brillante pelo castaño.

Neil me miró durante unos segundos, absolutamente atónito, con la incredulidad pintada en el rostro. Bajo su penetrante mirada de un azul gélido mi angustia remitió, y me deshice en entrecortadas explicaciones, acompañadas de abundantes hipidos y sollozos.

- Cuando ese... ese... eso entró, estabamos viendo tranquilamente la televisión... antes de parpadear, mi hermanita había muerto... mis padres gritaron y trataron de escapar, pero ese monstruo saltó sobre mi padre y... había sangre... mucha sangre... empezó a salpicar por todas partes... entonces... entonces... me acordé de las katanas que tenía en mi habitación... y... y... subí corriendo a por ellas...

Llegados a ese punto los sollozos y el temblor se hicieron incontrolables, y tuve que parar de hablar. Neil se acercó y me puso una mano en el hombro. Recuperando el control, y con algo más de firmeza, terminé mi historia.

- Mientras las descolgaba... oí gritar a mi madre... y luego se calló... y sólo se oía los ruidos de algo comiendo... entonces bajé, y el bicho me miró, y empezó a avanzar hacia mí... entonces retrocedí hasta esta habitación, pero al final saltó sobre mí. Mis lecciones de kendo sirvieron para algo, supongo, porque reaccioné rápido y le mandé un golpe descendente que le abrió la espalda. Entonces sentí como si las espadas se movieran solas. Tracé cuatro o cinco golpes sin ver siquiera dónde golpeaba y cuando paré...

Señalé entonces de forma harto significativa el bulto que era ahora el cuerpo del monstruo, que rezumaba gran cantidad de lo que parecía ser sangre azul turquesa. Estaba destrozado por los certeros golpes de mis katanas.

- Bien hecho – dijo entonces, impresionado, Neil -. Ahora vas a tener que venir conmigo. Tienes lo que nosotros llamamos el Talento.

- ¿El Talento? - pregunté, inseguro.

- El Talento es la capacidad de hacer frente a las criaturas de la oscuridad sin sucumbir al pánico. Además, sólo unos pocos elegidos tienen, además, la capacidad de sumergirse por unos instantes en un estado que conocemos como Trance. El Trance, en su estado más primitivo, es lo que se apoderó de tí al enfrentarte al demonio.

- ¿Un demonio? - interrogué, asombrado - ¿Entonces esa... criatura era un demonio?

- Si vienes conmigo – dijo entonces – te explicaré todo lo relativo a la criatura que ha destruido este hogar. Formarás parte del Angeli... serás uno de nosotros.

- ¿Y quiénes sois vosotros? ¿Qué es eso del Angeli?

- El Angeli es un gremio de cazadores de demonios. Digamos que es una agrupación de personas con el Talento, que se dedican a cazar a estos seres de la oscuridad para proteger a los habitantes de Dublin.

- Entonces – dije mientras mi rostro se ensombrecía – si me uno a vosotros, ¿podré matar más como éste?

- Matarás como éste a menudo. Y si no son como éste, serán vampiros, hombres lobo, brujas y otros de su calaña.

- Perfecto – asentí entonces, con gesto hosco -. Tomar venganza es lo único que me queda ahora. Voy a dedicar a eso mi vida.

- Hay más como tú entre nosotros – dijo entonces Neil -. La forma más sencilla de identificar a alguien con el Talento es buscar a aquellos que han sobrevivido al ataque de un demonio, o que lo han matado. Incluso sólo esconderse ya da muestras de poseer el Talento en una cierta medida. De todos modos – suspiró – es muy infrecuente encontrar a alguien capaz de hacer frente a un demonio como éste. Es una de las razas más agresivas y rápidas, y eso las hace muy difíciles de enfrentar.

- Entonces, ¿hay más gente que vive para la venganza? - pregunté, indiferente ante el cumplido.

- Tu afán por vengarte no durará más allá de uno o dos años. Después lo sustituirá el auténtico sentido de nuestra organización: la voluntad de proteger a los demás de un destino como el nuestro. Ven conmigo.

- Espera – dije entonces -. Mi familia...

- Mandaré a alguien aquí después que los enterrará como es debido. No debes ver la escena que hay en el salón. Ese no es el recuerdo que nadie debe guardar de sus padres y su hermana.

- Pero... pero...

- Confía en mí.

Aunque me costó mucho contener mis ganas de ver por última vez a mi familia, comprendí que tenía razón. Mi estado de ánimo, triste como una noche de luna nueva, debió reflejarse claramente en mi cara, porque Neil enseguida trató de distraer mi atención.

- Cuando lleguemos allí, descansarás como es debido. Mañana te presentaré a Lily y a Angel. Estoy seguro de que haréis buenas migas. Ella es una chica muy atractiva y de tu edad, y, aunque lleva sólo siete u ocho meses en el gremio, ya es extremadamente hábil como cazadora. Eso sí, no muestra el más mínimo interés por los chicos, así que ya te aviso de que no tienes ninguna oportunidad con ella – rió Neil -. Él es un poco mayor que tú. Antes de que lo reclutaran era un experto dibujante e ilustrador, y actualmente es el encargado del archivo de marcas. Además es el que se ocupa de tatuar las marcas en los cazadores que son lo bastante osados como para arriesgarse a ello.

- ¿Marcas?

- Mañana te lo explicaré en detalle. Ahora vámonos. Este lugar no es seguro, el olor a sangre atraerá alimañas más peligrosas que esa criatura.

- Pero tendré que pasar por el salón para salir. Y necesitaré ropa, mis cosas, las vainas de mis katanas, mi arco y mis flechas...

- No hará falta pasar por el salón. Mañana o pasado, una vez la casa esté limpia, vendremos a que recojas todas tus pertenencias, ropa, armas y todo lo necesario – dijo Neil.

Acto seguido, sacó de su bolsillo un extraño objeto que se colocó a modo de guante sobre el puño derecho, cuyos nudillos quedaron resguardados tras una cuchilla semicircular. Se concentró durante unos segundos y un brillo amarillo comenzó a iluminar la afilada hoja. Entonces descargó con toda su fuerza el puño contra la pared, que explotó hacia el exterior con una lluvia de ladrillos. Dejó en la pared un agujero tan enorme que ambos pudimos salir cómodamente de allí.

- Pero... pero... ¿qué ha sido eso?

- Ahora no – dijo, dando a entender claramente que no aceptaría más preguntas por el momento.

Me condujo, tambaleante, durante todo el largo trayecto hasta el centro de la ciudad. En mi estado de conmoción no pude darme cuenta, pero que a tan tardía hora, prácticamente ya de noche pues sólo los últimos rayos del atardecer daban un mínimo de luz, no nos asaltase ningún otro ser sobrenatural era un verdadero milagro. En realidad ahora sé que no nos atacaron porque ningún demonio en esta ciudad, excepto quizás los más poderosos, los jefes de los clanes de vampiros y hombres lobo y algunos de los demonios más importantes, se atreve a plantarle cara a Neil.

Por fin, tras lo que me pareció un larguísimo paseo, divisé a lo lejos el Spire y justo entonces Neil lanzó un suspiro de alivio. Entramos en un edificio que, pese a que por fuera no se distinguía de muchos otros de la ciudad, una vez en su interior podías comprobar que era un centro de mando de alguna clase, como una base militar. Al cruzar la puerta se entraba en una enorme sala, en la que había bastante gente pese a lo avanzada de la hora. Un amplio mostrador en una esquina hacía las veces de recepción, mientras que varias puertas que pude ver tenían rótulos como “Armería”, “Almacén”, “Comedor” y unas escaleras que conducían al piso de arriba tenían un cartel que rezaba “Habitaciones de descanso”.

- Bienvenido al Refugio – me susurró Neil.

No presté atención mientras él hablaba con el tipo que ganduleaba detrás del mostrador. Apenas entendí confusamente cosas como “está claro que tiene mucho talento” y “necesita descansar unos días”. Me sentía casi desmayado, la cabeza me daba vueltas y todo mi ser anhelaba tumbarse en una cama cómoda y no volver a levantarse hasta muchas, muchas horas después, para comprobar que todo había sido una pesadilla.

Neil me acompañó entonces escaleras arriba, entró en una habitación desocupada, colocó mis katanas en un estante y me ayudó a recostarme en la cama. Me cubrió con la sábana y se marchó sin hacer ruido.

Bueno, todo eso lo supongo yo, porque estaba dormido casi antes de que mi cabeza tocara la almohada.

Y de ese día no puedo recordar nada más.

Dublin

13 de mayo de 2020
Refugio del Angeli, Dublin, Irlanda.

Amanece un día más en Dublin. Bueno, en realidad no sé si debería llamarlo exactamente un día más, ya que hace casi diez años que el sol no se ve entero en el cielo. Desde aquel día en el que la luz de la luna se tiñó de violeta, y una puerta que nadie sabía que existía se abrió para cambiar para siempre la faz de la tierra.

Desde entonces, los días, por llamarlos de alguna forma, duran unas ocho horas, divididas en cuatro en las que el sol amanece, y cuatro en las que atardece. El resto es una noche bajo una luna pálida y blanca. Nunca aparece en el cielo más allá de la mitad de la esfera solar, todo está siempre envuelto en bruma y tiniebla.

No voy a negar que el efecto de un amanecer permanente resulta extraordinariamente bello. Las nubes bajas pasan horas teñidas de rosa, hasta que llega el mediodía y el dorado del atardecer ocupa su lugar. Sin embargo, todo tiene su cara mala. Y, en este caso, la belleza que obtuvimos nos llegó a un precio terrible. Aquel día se abrió, en algún lugar de la ciudad, una puerta directa al infierno. No cabe duda de que, en algún momento posterior, la puerta se cerró, pero el caudal de demonios, hombres lobo, vampiros y otras criaturas del más allá que penetraron en nuestro mundo fue más que suficiente para sumir la ciudad en el caos. Ahora nunca sabes quién está debajo de una capucha, salir por la noche es un suicidio asegurado y la gente vive con miedo, pero no sabe exactamente a qué teme.

Sin embargo, no siempre fue así. Yo solía salir a la calle cuando, por la tarde, el sol bajaba y mi madre se dedicaba a coser o a leer tranquilamente, mientras mis amigos y yo nos perdíamos por las callejuelas del barrio, siempre detrás de una pelota de fútbol. Llegaba a casa cuando la noche era cerrada y mi padre ya había llegado de su trabajo. Mi hermanita nos alegraba la cena con sus anécdotas del colegio. A la mañana siguiente, el sol en el cielo me acompañaba camino de la escuela, donde aprendía a ser alguien de provecho.

Todo cambió aquella noche en la que la luna apareció con ese color tan oscuro. Cualquiera hubiese dicho que la oscuridad se había comido la luna. Y realmente podríamos decir que así ocurrió. Todo el mundo sintió que algo iba mal. Un mal presentimiento. Todos intuíamos que algo horrible había sucedido. La catástrofe se olía en el aire.

Sin embargo, pocos somos los que sabemos todos los detalles de la realidad de la catástrofe.

Mi nombre es Evan. Desde hace unas semanas pertenezco a un gremio exclusivamente dedicado a la caza de todos los seres sobrenaturales que pululan por nuestra ciudad. En realidad, puedo afirmar que la historia que os quiero contar empieza en el preciso instante en el que fui reclutado por Neil, un cazador ya veterano, con más de siete años de experiencia y que ocupa uno de los puestos más altos en el Angeli, el clan de cazadores.