Refugio del Angeli, Dublin, Irlanda
Me levanté con los ojos hinchados por el llanto de la noche anterior, un considerable dolor de cabeza y muy pocas ganas de acudir al prometido entrenamiento de combate con Arthur. Sin embargo, apenas recordé cuál era el objetivo final de ese entrenamiento me subió el ánimo, aunque fuese un ánimo oscuro, y tras una buena ducha mi desastroso aspecto volvió en su mayor parte a la normalidad. Canturreé un buen rato entre agua y burbujas hasta que me sentí limpio tanto por fuera como por dentro. Entonces salí y me vestí, echando de menos algo para eliminar la incipiente barba que me estaba saliendo después de varios días sin afeitarme.
Cuando entré en el gimnasio, Arthur volvía a usar la cabeza de Dan de tambor. El pobre pelirrojo tenía ahora un chichón sobre el chichón del día anterior. Contuve las ganas de reír, sabiendo que era muy probable que yo sufriera el mismo destino. Sin embargo, resultó que Arthur no tenía intención de pelear conmigo, al menos no ese día. En cambio, me llevó a una parte del gimnasio que yo aún no había visto.
- El ejercicio que quiero que hagas ahora – dijo, con el rostro serio – consiste en atacar objetivos móviles. ¿Ves eso que cuelga del techo?
Cuando miré donde él me señalaba, ví una serie de objetos redondos que pendían de unas cuerdas sujetas al techo.
- Sí.
- Bien. Al principio tú tendrás una espada de madera, y los objetivos te atacarán poco a poco. Te debes colocar en este punto – y señaló un lugar marcado en el suelo con un círculo -, de forma que cuando yo active el mecanismo los objetivos te caigan encima de uno en uno. Conforme vayas superando niveles de dificultad, cada vez caerán más a la vez, y más deprisa. Cuando yo lo considere oportuno te entregaré otra espada de madera, para que puedas mejorar tu técnica con dos espadas, pero de momento quiero asegurarme de que si pierdes una katana no vas a morir por no saber defenderte con una sola.
- Antes de especializarme en la doble katana aprendí a manejar una sola katana, y además con ambas manos. Pero está bien, hace ya tiempo que no practico así.
- Bien. Vendré en un rato para ver cómo te va. Prepárate, porque voy a activar el mecanismo.
- O.k. Cuando quieras.
Arthur apretó un botón de la pared, e inmediatamente uno de los objetivos cayó hacia mí. Lo golpeé duramente con la espada, y, tras desviarse, volvió a su posición original. Instantes después, caía otro. Lo repelí de nuevo, casi aburrido. Aquello era muy fácil. Yo había alcanzado en dos ocasiones los cuartos de final del campeonato mundial juvenil de kendo. Ese ejercicio era pan comido.
Cada pocos minutos, Arthur acudía, comprobaba que el nivel de dificultad no era lo bastante alto y lo aumentaba. Cuando llegué al quinto nivel, casi no me daba tiempo a recuperar la posición antes de la llegada del siguiente objetivo. Aún no había sido golpeado, pero aquello se ponía complicado. Además, empezaron a caer también objetivos desde atrás. La primera vez no fui golpeado de milagro, me aparté institivamente sólo porque noté que Arthur se había quedado mirando, como esperando que pasara algo. Me alegró la cara de sorpresa que puso.
En el séptimo nivel seguir el ritmo con una sola espada era imposible. Lo superé con muchísimos problemas, esquivando casi tanto como golpeando. Cuando entró Arthur (pude ver tras la puerta que Dan se retiraba quejándose y dolorido) me dijo que a partir del octavo nivel se permitía usar más de un arma, pero que sólo tres miembros del Angeli eran capaces de llegar al décimo nivel empleando una sola arma. No me sorprendió enterarme de que eran el propio Arthur, Neil y Lily. Los rumores sobre la habilidad de esa chica empezaban a mosquearme, siendo sincero. Tenía algo de envidia.
Sin embargo, acepté la segunda espada de madera, sabiendo que mi nivel no era el suficiente todavía. Superé el octavo nivel, sintiéndome mucho más cómodo empuñando ambas espadas, y sin llegar a ser golpeado, para la sorpresa de mi instructor.
- Me parece que el noveno nivel es innecesario. Vamos a pasar directamente al décimo.
Me sorprendió escuchar algo así de Arthur, pero más aún cuando se acercó y descolgó los objetivos. Entonces cambió los objetos redondos que había estado golpeando por armas de entrenamiento: puñales, espadas y mazas de madera, que si me alcanzaban me iban a causar mucho más daño que los objetivos anteriores.
- El objetivo de este entrenamiento es que aprendas a defenderte de las acometidas de demonios que realmente quieren matarte. Por tanto, esto es más parecido a una situación de combate real. Te aconsejo mucha cautela, porque si uno de estos te alcanza, lo vas a pasar mal.
- No se puede pelear con miedo – dije sonriendo -. Voy a superar este nivel. ¿Cuál es el récord del refugio?
- Hay trece niveles. Sólo Lily ha conseguido superar los trece sin emplear dos armas. Neil y yo podemos hacer los trece, pero yo me apoyo de una kodashi (un arma corta defensiva japonesa), y Neil emplea dos puños americanos con cuchilla de esos que usa él. Hay algunos en el Angeli capaces de llegar al nivel trece, pero ninguno lo ha superado sin ser golpeado. Asumimos que en el momento en el que un demonio te hiere en batalla pierdes movilidad, velocidad de reflejos y fuerza, además de que el olor a sangre atrae a más demonios. Por tanto, éste es un entrenamiento basado en que no te toque ningún demonio, por más que sean.
- ¡Vamos allá, pues! - exclamé, emocionado.
- No – dijo Arthur, para mi desencanto -. Pensándolo mejor, prefiero que te vayas a ducharte y después bajes al comedor. Son más de las dos y media, y si llegas más tarde de las tres y media sólo comerás restos.
Refunfuñando, pues estaba muy centrado en el entrenamiento, me dirigí a las duchas. Una vez allí comprobé que había gastado una buena parte de mi energía, y que probablemente no hubiese superado el décimo nivel. Sonreí al comprender que Arthur me estaba ayudando a ser de los mejores.
Tras ducharme por segunda vez en el día bajé al comedor. ¡Justo a tiempo! Había para comer un delicioso estofado de carne con patatas y verduras. Comí hasta hartarme, acompañando la sabrosa salsa con mucho pan. Quería reponer energías para poder enfrentarme a los niveles más avanzados esa misma tarde.
Sin embargo, quedé decepcionado de nuevo. Cuando llegué al gimnasio tras haber descansado un rato después de la comida alguien estaba ya haciendo el mismo entrenamiento que yo. Contrariado, fui a la armería, recogí mis katanas y realicé algunos ejercicios simples, concentrándome mucho en mis movimientos para que fueran perfectos. Poco a poco fui cogiendo velocidad y aumentando la complejidad de mis secuencias, hasta que la hoja de mis katanas era apenas un destello borroso que trazaba líneas con precisión mortal.
De súbito fui consciente de que todo el mundo en el gimnasio se había detenido y contemplaba mi actuación. Ruborizándome, envainé las katanas, cuando sentí una poderosa presencia a mi espalda. Fue una sensación parecida a cuando sientes que alguien te observa, pero multiplicada por diez.
Me giré para ver al propietario de tan formidable aura, y creo que debí dar una impresión lamentable, porque me quedé con la boca abierta. Una preciosa pelirroja me evaluaba con una mirada que me hizo sentir que podía ver mi alma. Era una chica delgada de unos dieciocho o diecinueve años, con el pelo largo y rizado, unos enormes ojos verdes, como los míos, con una mirada profunda e intensa, labios carnosos... mentiría si os dijera que conseguí evitar mirar su figura. Tenía un tipo maravilloso. En realidad sería inútil intentar describir semejante belleza de forma que le hiciera justicia. Que cada cual piense en la chica más maravillosamente atractiva que pueda imaginar, y se acercará a aquella muchacha que era, obviamente, Lily.
Con un gran esfuerzo recuperé el control de mí mismo, cerré la boca y me acerqué a ella tendiéndole la mano.
- ¿Tu eres Lily, verdad? Me han hablado mucho de ti, tenía ganas de conocerte por fin. Yo me llamo Evan.
Lily me miró de arriba abajo antes de tenderme fríamente una mano, que estreché sintiéndome muy incómodo.
- No lo haces mal, Evan. Pero tendrás que mejorar antes de salir ahí fuera a matar a esas bestias.
Me sentí levemente irritado por el comentario, pero lo disimulé tras una sonrisa cortés.
Lily salió andando con calma del gimnasio. Me acerqué a ver cómo entrenaba, y me quedé nuevamente estupefacto. No sólo el indicador de nivel marcaba el trece. Además todos los objetivos habían sido cambiados por armas de verdad, incluso algunos eran garras y colmillos, supuse que de demonios, que sin duda Lily había obtenido en sus misiones para el Angeli.
Salí del gimnasio pensativo, comprobando mis sentimientos hacia esa chica. Descubrí que me exasperaba y me atraía a partes iguales. Yo no era inmune a su magnetismo ni a su atractivo físico, pero quería marcar distancias con cualquiera que se le hubiese acercado antes, y tampoco pensaba dedicar horas y horas a atravesar la coraza de hielo que por lo visto la recubría.
Marché entonces a ver a Angel, con la cabeza llena de confusas ideas y sensaciones. No sabía a ciencia cierta lo que sentía por esa chica, pero de lo que sí estaba seguro era de que la quería volver a ver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario