13 de mayo de 2020
Refugio del Angeli, Dublin, Irlanda
Es poco habitual ver a un Angeli correr por su vida. Aún más extraño es si son tres los Angeli que corren aterrorizados. Y si, encima, uno de esos tres es Lily, la más hábil cazadora de demonios del gremio, entonces puedes asumir que algo realmente nefasto ocurre.
En esas condiciones, os podréis imaginar que nuestra llegada al refugio causó sensación. La hora aún no era muy tardía, así que había bastante gente en la sala principal, y cuando nos precipitamos al interior, jadeantes y sin resuello, todos los Angeli quedaron paralizados de la sorpresa.
- ¿Esa es Lily?
- ¿Lily estaba... huyendo de algo?
Los susurros nos envolvieron, pero nos resultaban indiferentes ante el alivio de estar a salvo. Era evidente que ni el mismísimo Diablo se metería en la boca del lobo siguiendo a sus presas al Refugio del Angeli. De hecho, aunque no nos habíamos dado cuenta, no podíamos siquiera asegurar que nos hubiera perseguido en ningún momento.
- Puedo entender que Roger y Ethan huyeran desde el Liffey, pero Lily... eso es otra historia...
- ¿Cómo? - pregunté, luchando por recuperar el aliento - ¿Porqué han huído Roger y Ethan?
- Dicen que los demonios les tendieron una emboscada, pero que cuando ya estaban a punto de rechazarla apareció el mismísimo Diablo y mató a Daniel, así que escaparon hasta aquí.
Nos miramos con incredulidad. No podía ser.
- ¿A qué hora ha pasado eso? - interrogó Lily.
- Hará veinte minutos que han llegado.
- Eso es imposible – dijo Dan -. Nosotros acabamos de ver a Diablo en Manor Grove hará diez minutos, y no ha podido llegar desde el Liffey en tan poco tiempo.
La afirmación de Dan hizo que todo el mundo empezara a hablar a la vez. Llevaban meses sin ver a Diablo, ¿y ahora aparecía varias veces en el mismo día, y, por si fuera poco, al mismo tiempo?
- De todas formas esta mañana también ha habido emboscadas a las rondas de rutina en distintos puntos de la ciudad. Parece que los demonios se están movilizando. Me gustaría saber qué traman...
- Una emboscada no es algo que los demonios inferiores puedan pensar por sí mismos – dijo entonces Lily -. Hay una inteligencia superior detrás de esas situaciones. Si esta mañana también hubo varios puntos en los que emboscaran a los nuestros, incluso si no llegaron a ver a ningún demonio superior...
- Eso fue porque conforme vimos que se trataba de una trampa escapamos, sin matar a los demonios que nos atacaban – replicó, avergonzado pero firme, un Angeli de pelo oscuro y rizado cuyo nombre escapa a mi memoria -. Pero perfectamente podrían haber estado allí.
- Por tanto – continuó Lily -, es posible que Diablo tenga algún poder que desconocemos: teletransporte, ubicuidad, quizás pueda hacer copias de sí mismo... tal vez los demonios tengan una red de túneles bajo tierra para ir rápidamente de un lugar a otro... no podemos saberlo.
- Ubi... ¿qué? - preguntó uno de los Angeli de menos edad, un chaval que apenas tendría catorce.
- La ubicuidad es el don de estar en todos los sitios a la vez, y sólo pertenece a Dios. - dijo una voz desde la puerta del Archivo.
Allí estaba Ikon, el mentor y maestro de Angel, que había hecho su entrada en la sala. Era tal y como me lo había imaginado tras la descripción de Angel. Un viejecito arrugado, con cara de haber visto mucho mundo y profundos ojos negros.
- Sin embargo – replicó su alumno, que lo observaba todo desde un rincón de la sala – es un hecho que Diablo estaba en varios sitios casi simultáneamente a lo largo de todo el día. Si no es ubicuo... ¿cómo lo hace?
- Eso es algo que tendremos que averiguar – afirmó Ikon -. Pero la ubicuidad es potestad de Dios, y el Diablo nunca ha tenido acceso a ella.
Con eso finalizó la improvisada reunión, y los Angeli se dispersaron charlando sombríamente sobre los sucesos del día. Por nuestra parte, Dan, Lily y yo nos fuimos a ducharnos y a descansar un poco antes de la cena, porque estábamos físicamente exhaustos después del combate y la maratón desde la periferia de Dublin.
Durante la cena pudimos encontrar a Neil y Arthur, que habían tenido una patrulla por el sur de la ciudad (felizmente sin contratiempos ni sorpresas) y no se había enterado de nada. Lily, Dan y yo nos sentíamos muy unidos después de las impactantes vivencias del día. He de reconocer que sentí un placer oculto cuando Lily se me acercó camino del comedor, pero luego recordé que ese lujo había costado la vida de Leyla, y entré en un estado meditabundo que no me permitió disfrutar su compañía como hubiese querido.
Neil y Arthur se sorprendieron enormemente cuando entre Lily y Dan les contaron la emboscada, lo que había sucedido y la aparición de Diablo. Yo no pronuncié palabra. Leyla era compañera habitual de ronda, parte de mi equipo, y yo había hecho muy buenas migas con ella en los meses anteriores. Su muerte me dolía mucho. Cuando eres un Angeli sabes que te expones a morir en cualquier salida, y sabes que es posible que a tus compañeros les pase lo mismo, pero nunca se me ha dado bien esto de asimilar muertes de seres queridos. Lo pasé muy mal cuando murieron mis abuelos, y eso no había cambiado en todos estos años.
De todos modos, a lo largo de la cena fui saliendo paulatinamente de mi estado de hermetismo. Las chuletas de cerdo con patatas fritas y bechamel ciertamente contribuyeron a ello... la cocina del Refugio es una auténtica maravilla, nunca me cansaré de decirlo. Además, tener cerca a Lily era un regalo, y Dan también me cae muy bien. Al final acabamos animándonos todos, y la charla fue un poco más distendida. Neil y Arthur prometieron acompañarnos en la próxima ronda, aunque no creo que ni siquiera ellos pudiesen hacer algo contra Diablo. Quizás el temor siempre se magnifica en el recuerdo, y Diablo me parecía más poderoso que la realidad, pero había matado tan facilmente a Leyla...
Lily había estado muy callada, aún más de lo habitual, pero las pocas veces que habló me daba la impresión de que estaba verdaderamente resentida contra Diablo. No sé si se debía a que había matado a una compañera, a que lo hacía responsable de la muerte de su familia, o simplemente al hecho de que la había hecho mostrar debilidad ante todo el Angeli, algo que había evitado durante muchos meses a base de ser tan hábil como introvertida. No sé exactamente porqué, pero no me gustó el estado de ánimo en el que se encontraba. Me daba la impresión de que podía hacer alguna tontería. Con ese pensamiento dándome vueltas en la cabeza me acosté, y pese al cansancio tardé mucho rato en dormirme.
Así que no me sorprendió demasiado cuando al levantarme me contaron que Lily había salido a primera hora de la mañana, cuando la gran mayoría del Angeli aún dormía. Pasé todo el día entrenando, ya que no me tocaba ronda. Entrené casi compulsivamente, parando exclusivamente a comer y a cenar y después me fui a la cama con el ánimo hundido, ya que Lily no había aparecido todavía.
Pasaron los días, y la más hábil de todos los Angeli comenzó a darse por muerta en muchas de las conversaciones en el Refugio. Yo proseguí mi ritmo infernal de entrenamiento. Pronto descubrí que el Trance no era suficiente para mí. Quería un nivel superior. Pasaba horas en Trance, buscando la manera de superar mi propio poder. Y finalmente, a la semana de la desaparición de Lily, lo encontré. La primera vez que entré en el Trance de la Katana, como lo llamé, todos los objetivos con los que entrenaba en el nivel trece, todos ellos espadas y armas auténticas, quedaron deshechos, partidos en pedazos. Era un estado en el que todo mi cuerpo parecía desaparecer, y sólo las dos katanas centraban todos mis sentidos. Era un arma de doble filo, por supuesto, ya que aumentaba exponencialmente mi habilidad y me otorgaba la capacidad de ignorar cualquier herida al perder la noción de mi cuerpo, pero precisamente por ello cuidaba menos las heridas que recibía y me daba la impresión de que se agravarían con facilidad.
Armado con mi nueva habilidad, descansé un día entero, pese a estar devorado por la impaciencia de ir a buscar a Lily. Mi cuerpo lo necesitaba, y de haber enfrentado un simple Lore hubiese sido incapaz de vencerlo. Además, no tenía ni la más remota idea de por dónde empezar a buscar, así que me dediqué a interrogar a los que la habían visto salir. Me dijeron que parecía que dirigía al Liffey, cerca del Phoenix Park, pero que no habló con nadie, así que no sabían su destino concreto.
Maldije el carácter introvertido de Lily, que me ponía las cosas más dificiles. Tendría que acercarme al Liffey y desde allí buscar siguiendo mi instinto, hasta que la suerte me llevara a la pista correcta.
Al levantarme el día siguiente, dejé una nota para Neil en la puerta de mi habitación, donde le comunicaba que me iba a buscar a Lily, y que mi primera parada sería el Liffey. No me hacía gracia que se preocupara por mí, pero tampoco quería ponerle las cosas más difíciles si a mí me pasaba lo que fuera que le había pasado a Lily... y más teniendo en cuenta que ella era mejor que yo, al menos antes de mi intensivo entrenamiento. Así que bajé las escaleras, sonreí a todo el mundo, casi pensando en una despedida, y me marché por la puerta que, a pesar de ser casi mediodía, sólo dejaba pasar la tenue luz del amanecer.
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