22 ene 2010

El refugio

12 de abril de 2020

Refugio del Angeli, Dublin, Irlanda


Según me dijeron al día siguiente, había dormido casi quince horas seguidas. Cuando bajé las escaleras, me encontré de frente con un sonriente Neil.

- ¿Has dormido bien?

¿Cómo explicar que mis sueños estuvieron poblados de las más horrendas pesadillas en las que mi familia era masacrada una y otra vez? Seguramente él ya lo sabía. Además, tampoco me apetecía hablar de mis sueños.

- Sí, la cama era muy cómoda.

- Bueno – dijo entonces Neil -, ven, que te llevaré a desayunar. Allí podrás preguntarme todas esas cosas que sin duda te bullen en la cabeza.

Entramos en el amplísimo comedor cruzando una ancha puerta doble de madera (de roble, según me pareció), donde me paré un momento para que mi vista comprendiera cómo era posible que una estancia tan amplia cupiera en aquel edificio. Finalmente capté los pequeños trucos que le daban esa sensación de amplitud: los espejos en la pared derecha, los enormes ventanales, la inteligente distribución de las mesas...

Debido a que me había levantado tan tarde, no había nadie en el comedor, y los cocineros se afanaban con la preparación de la comida. Mi olfato nunca ha sido gran cosa, mi punto fuerte siempre ha sido el oído, pero los deliciosos aromas a bacon y especias me hicieron intuir que el menú del día era pasta a la carbonara... uno de mis platos favoritos.

Sin embargo, lo primero es lo primero. Nos sentamos en una mesa redonda y me sirvieron un café con leche condensada, que yo nunca había probado y que Neil me dijo que se llamaba “bombón”, junto a unos exquisitos croissants rellenos de un chocolate muy dulce. Tengo que reconocer que el dulce siempre ha sido mi gran debilidad, y de no ser por el tiempo que pasaba fuera de casa corriendo, saltando y jugando yo habría resultado un niño obeso. Pero, gracias a la gran cantidad de ejercicio físico que hacía a diario, mi estado era, y aún es, envidiable.

Mientras paladeaba mi desayuno Neil empezó a explicarme todo lo que necesitaba saber acerca del Angeli.

- Pero – preguntaba yo -, ¿cómo empezó todo esto?

- Hace diez años – relató Neil – un estúpido idiota ebrio de poder llamado Patrick Hanlon, que actuaba como vidente para una cadena de televisión sacó de alguna parte un libro que quizás conozcas. Se lo conoce como el Codex Gigas.

- Nunca había oído hablar de él.

- Eso está bien – dijo, con un suspiro -. El Codex Gigas es el libro más autorizado en materia de pactos con el Diablo. Se lo considera la Biblia del Diablo. Siguiendo sus indicaciones, ese idiota consiguió invocar a su presencia al mayor de los Tres Males, Lucifer. Según hemos podido averiguar a lo largo de estos diez años, Hanlon acordó con Lucifer una longevidad extraordinaria, una caterva de demonios que, presuntamente, siguen sus órdenes y le actúan como guardaespaldas, así como varias súcubos para su placer personal y todo el dinero que puediera desear. A cambio, además de entregarle su alma, Hanlon abrió un portal que permitió penetrar en nuestro mundo a un ingente número de demonios, vampiros, hombres lobo, brujas y otros engendros del mal. Y ahora nuestra bella ciudad está invadida por estos enemigos de la Luz. Sin embargo, pocos humanos han entendido la realidad tal y como es. Todos saben que algo malo les pasará si salen a la calle de noche, pero es algo instintivo, que no pueden explicar.

Yo escuchaba en silecio, atónito por las revelaciones que se me ofrecían.

- Muchos de los habitantes del infierno que han entrado en nuestro mundo son criaturas estúpidas, como animales. Pero algunos de ellos tienen inteligencias muy superiores a los otros, e incluso superiores a la humana. Son los comandantes de las hordas del infierno. Suponemos que la conquista de Dublin es un paso hacia la invasión de todo el mundo, y que pretenden abrir un nuevo portal, mucho mayor que el anterior. Sin embargo, para eso deben vaciar la ciudad de humanos. Hemos comprobado que los demonios no atacan a casas ni lugares que estén cerrados, y, por supuesto, no pueden entrar en lugares sagrados. Supongo que ayer la puerta de tu casa quedó entreabierta, si no el demonio no hubiese podido entrar.

- Y ¿cómo combatir a esos demonios?

- A la mayoría de ellos los podrás matar con un simple entrenamiento de combate, que aprenderás aquí en menos de una semana. Poseyendo el Talento, y además el Trance, como es tu caso, no deberías tener problemas con ellos. Lo difícil es enfrentarse a los comandantes, los cuales llevan siempre una guardia personal de diez guerreros muy poderosos, generalmente vampiros, hombres lobo y grandes demonios. Para poder enfrentarnos a ellos en igualdad de condiciones, empleamos marcas que aumentan nuestras capacidades fisicas.

- ¿Marcas? Y, ¿qué son exactamente las marcas?

- Las marcas son tatuajes que extraemos de los demonios. El proceso es largo y complicado, y si te soy franco ni yo mismo sé exactamente cómo lo hacen Angel e Ikon, su mentor. En resumen, cada marca tiene un efecto distinto: unas te proporcionarán una fuerza sobrehumana, otras te permitirán saltar distancias increíbles... y otras te volverán loco, o te causarán un insufrible dolor. No podemos predecir el efecto de una marca en una persona, sólo podemos usar cada marca una sola vez (algo relacionado con la extracción), y además cada marca parece actuar de forma diferente en cada individuo. El resultado es que decidirte a ponerte una marca es arriesgado en extremo, ya que nunca sabes cómo te va a afectar. Pero, pese a ello, la mayoría de los Angeli llevamos una marca u otra.

- ¿Tú llevas alguna?

Neil sonrió y se quitó el guante que cubría su mano derecha. Yo me había fijado antes en sus guantes; parecían hechos de algún material similar al cuero, con una cinta para ajustarlos a la muñeca y dejando los dedos al aire. Entonces descubrí la marca en la palma de la mano de Neil. Era similar a los caracteres ideográficos de los idiomas orientales.

- Creemos que esta marca significa “explosión”. Cuando me concentro, puedo emplear su poder para hacer explosionar violentamente cualquier cosa a mi alcance. Cuanta mayor sea la velocidad a la que golpeo, más violenta es la explosión.

Se hizo repentinamente la luz en mi embotado cerebro, y relacioné de golpe aquel poder con el resplandor amarillo que cubría la hoja del arma de Neil cuando la noche anterior reventó literalmente una pared de lo que había sido mi casa con un simple puñetazo.

No pregunté nada más, y Neil tampoco pareció ansioso por seguir compartiendo revelaciones conmigo. Sin embargo, iba pensando en todo lo que había aprendido aquella mañana, y comenzaba a tener muchas ganas de conocer al tal Angel. ¡Las marcas parecían prometer todo lo que escapaba a mi frágil límite humano!

- Por cierto, Evan.

- ¿Sí, Neil?

- ¿No te has preguntado porqué no hay más cazadores con esta misma marca?

- Sí, en realidad me pregunto porqué no emplea todo el mundo marcas que ya se han revelado útiles.

- Hubo un cazador que quiso este mismo poder. Cuando se terminó de fijar la marca, comenzó a gritar de dolor. La mano se le hinchó a ojos vistas, y en cuestión de segundos...

- ¿Qué pasó? - pregunté, sobrecogido.

- ¿Recuerdas qué significaba la marca?

...

Ah, bien.

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