21 ene 2010

La historia de Evan

11 de abril de 2020

Barrio de Manor Grove, Dublin, Irlanda


Cuando mis padres y mi hermana pequeña murieron en el ataque de un demonio a nuestro antiguo hogar en el sur de Dublin, el estrépito que hacía la criatura atrajo al interior a Neil, que deambulaba por los alrededores. Cuando entró se encontró con una escena dantesca: el salón se hallaba arrasado y los tres cadáveres destrozados estaban tirados en el suelo; las paredes estaban salpicadas de sangre, y hubiese sido imposible saber el color original de la alfombra que algún día adornó el suelo, ya que estaba empapada en el rojo fluido. Los ruidos en la habitación contigua le hicieron temer lo peor, pero cuando cruzó la puerta, que pendía de la bisagra superior, descubrió que el demonio había caído, horriblemente desfigurado, bajo las dos katanas que blandía un joven de tez pálida, corto pelo pelirrojo y ojos verdes y grandes. El chico (que, como podéis suponer, era yo) tenía la cara desencajada por el pánico, la pena y la tensión, y las lágrimas caían por sus mejillas, pero su expresión era resuelta.

Nuestras miradas se cruzaron, y yo pude percibir claramente el poder que emanaba aquél hombre. Apenas pasaría los treinta y cinco años, pero su corto cabello era ya en su mayoría plateado. Sólo aquí y allá se podían ver algunos mechones que revelaban que alguna vez tuvo un brillante pelo castaño.

Neil me miró durante unos segundos, absolutamente atónito, con la incredulidad pintada en el rostro. Bajo su penetrante mirada de un azul gélido mi angustia remitió, y me deshice en entrecortadas explicaciones, acompañadas de abundantes hipidos y sollozos.

- Cuando ese... ese... eso entró, estabamos viendo tranquilamente la televisión... antes de parpadear, mi hermanita había muerto... mis padres gritaron y trataron de escapar, pero ese monstruo saltó sobre mi padre y... había sangre... mucha sangre... empezó a salpicar por todas partes... entonces... entonces... me acordé de las katanas que tenía en mi habitación... y... y... subí corriendo a por ellas...

Llegados a ese punto los sollozos y el temblor se hicieron incontrolables, y tuve que parar de hablar. Neil se acercó y me puso una mano en el hombro. Recuperando el control, y con algo más de firmeza, terminé mi historia.

- Mientras las descolgaba... oí gritar a mi madre... y luego se calló... y sólo se oía los ruidos de algo comiendo... entonces bajé, y el bicho me miró, y empezó a avanzar hacia mí... entonces retrocedí hasta esta habitación, pero al final saltó sobre mí. Mis lecciones de kendo sirvieron para algo, supongo, porque reaccioné rápido y le mandé un golpe descendente que le abrió la espalda. Entonces sentí como si las espadas se movieran solas. Tracé cuatro o cinco golpes sin ver siquiera dónde golpeaba y cuando paré...

Señalé entonces de forma harto significativa el bulto que era ahora el cuerpo del monstruo, que rezumaba gran cantidad de lo que parecía ser sangre azul turquesa. Estaba destrozado por los certeros golpes de mis katanas.

- Bien hecho – dijo entonces, impresionado, Neil -. Ahora vas a tener que venir conmigo. Tienes lo que nosotros llamamos el Talento.

- ¿El Talento? - pregunté, inseguro.

- El Talento es la capacidad de hacer frente a las criaturas de la oscuridad sin sucumbir al pánico. Además, sólo unos pocos elegidos tienen, además, la capacidad de sumergirse por unos instantes en un estado que conocemos como Trance. El Trance, en su estado más primitivo, es lo que se apoderó de tí al enfrentarte al demonio.

- ¿Un demonio? - interrogué, asombrado - ¿Entonces esa... criatura era un demonio?

- Si vienes conmigo – dijo entonces – te explicaré todo lo relativo a la criatura que ha destruido este hogar. Formarás parte del Angeli... serás uno de nosotros.

- ¿Y quiénes sois vosotros? ¿Qué es eso del Angeli?

- El Angeli es un gremio de cazadores de demonios. Digamos que es una agrupación de personas con el Talento, que se dedican a cazar a estos seres de la oscuridad para proteger a los habitantes de Dublin.

- Entonces – dije mientras mi rostro se ensombrecía – si me uno a vosotros, ¿podré matar más como éste?

- Matarás como éste a menudo. Y si no son como éste, serán vampiros, hombres lobo, brujas y otros de su calaña.

- Perfecto – asentí entonces, con gesto hosco -. Tomar venganza es lo único que me queda ahora. Voy a dedicar a eso mi vida.

- Hay más como tú entre nosotros – dijo entonces Neil -. La forma más sencilla de identificar a alguien con el Talento es buscar a aquellos que han sobrevivido al ataque de un demonio, o que lo han matado. Incluso sólo esconderse ya da muestras de poseer el Talento en una cierta medida. De todos modos – suspiró – es muy infrecuente encontrar a alguien capaz de hacer frente a un demonio como éste. Es una de las razas más agresivas y rápidas, y eso las hace muy difíciles de enfrentar.

- Entonces, ¿hay más gente que vive para la venganza? - pregunté, indiferente ante el cumplido.

- Tu afán por vengarte no durará más allá de uno o dos años. Después lo sustituirá el auténtico sentido de nuestra organización: la voluntad de proteger a los demás de un destino como el nuestro. Ven conmigo.

- Espera – dije entonces -. Mi familia...

- Mandaré a alguien aquí después que los enterrará como es debido. No debes ver la escena que hay en el salón. Ese no es el recuerdo que nadie debe guardar de sus padres y su hermana.

- Pero... pero...

- Confía en mí.

Aunque me costó mucho contener mis ganas de ver por última vez a mi familia, comprendí que tenía razón. Mi estado de ánimo, triste como una noche de luna nueva, debió reflejarse claramente en mi cara, porque Neil enseguida trató de distraer mi atención.

- Cuando lleguemos allí, descansarás como es debido. Mañana te presentaré a Lily y a Angel. Estoy seguro de que haréis buenas migas. Ella es una chica muy atractiva y de tu edad, y, aunque lleva sólo siete u ocho meses en el gremio, ya es extremadamente hábil como cazadora. Eso sí, no muestra el más mínimo interés por los chicos, así que ya te aviso de que no tienes ninguna oportunidad con ella – rió Neil -. Él es un poco mayor que tú. Antes de que lo reclutaran era un experto dibujante e ilustrador, y actualmente es el encargado del archivo de marcas. Además es el que se ocupa de tatuar las marcas en los cazadores que son lo bastante osados como para arriesgarse a ello.

- ¿Marcas?

- Mañana te lo explicaré en detalle. Ahora vámonos. Este lugar no es seguro, el olor a sangre atraerá alimañas más peligrosas que esa criatura.

- Pero tendré que pasar por el salón para salir. Y necesitaré ropa, mis cosas, las vainas de mis katanas, mi arco y mis flechas...

- No hará falta pasar por el salón. Mañana o pasado, una vez la casa esté limpia, vendremos a que recojas todas tus pertenencias, ropa, armas y todo lo necesario – dijo Neil.

Acto seguido, sacó de su bolsillo un extraño objeto que se colocó a modo de guante sobre el puño derecho, cuyos nudillos quedaron resguardados tras una cuchilla semicircular. Se concentró durante unos segundos y un brillo amarillo comenzó a iluminar la afilada hoja. Entonces descargó con toda su fuerza el puño contra la pared, que explotó hacia el exterior con una lluvia de ladrillos. Dejó en la pared un agujero tan enorme que ambos pudimos salir cómodamente de allí.

- Pero... pero... ¿qué ha sido eso?

- Ahora no – dijo, dando a entender claramente que no aceptaría más preguntas por el momento.

Me condujo, tambaleante, durante todo el largo trayecto hasta el centro de la ciudad. En mi estado de conmoción no pude darme cuenta, pero que a tan tardía hora, prácticamente ya de noche pues sólo los últimos rayos del atardecer daban un mínimo de luz, no nos asaltase ningún otro ser sobrenatural era un verdadero milagro. En realidad ahora sé que no nos atacaron porque ningún demonio en esta ciudad, excepto quizás los más poderosos, los jefes de los clanes de vampiros y hombres lobo y algunos de los demonios más importantes, se atreve a plantarle cara a Neil.

Por fin, tras lo que me pareció un larguísimo paseo, divisé a lo lejos el Spire y justo entonces Neil lanzó un suspiro de alivio. Entramos en un edificio que, pese a que por fuera no se distinguía de muchos otros de la ciudad, una vez en su interior podías comprobar que era un centro de mando de alguna clase, como una base militar. Al cruzar la puerta se entraba en una enorme sala, en la que había bastante gente pese a lo avanzada de la hora. Un amplio mostrador en una esquina hacía las veces de recepción, mientras que varias puertas que pude ver tenían rótulos como “Armería”, “Almacén”, “Comedor” y unas escaleras que conducían al piso de arriba tenían un cartel que rezaba “Habitaciones de descanso”.

- Bienvenido al Refugio – me susurró Neil.

No presté atención mientras él hablaba con el tipo que ganduleaba detrás del mostrador. Apenas entendí confusamente cosas como “está claro que tiene mucho talento” y “necesita descansar unos días”. Me sentía casi desmayado, la cabeza me daba vueltas y todo mi ser anhelaba tumbarse en una cama cómoda y no volver a levantarse hasta muchas, muchas horas después, para comprobar que todo había sido una pesadilla.

Neil me acompañó entonces escaleras arriba, entró en una habitación desocupada, colocó mis katanas en un estante y me ayudó a recostarme en la cama. Me cubrió con la sábana y se marchó sin hacer ruido.

Bueno, todo eso lo supongo yo, porque estaba dormido casi antes de que mi cabeza tocara la almohada.

Y de ese día no puedo recordar nada más.

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